Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 5 Enero, 2010


Enmiendas

Para la revista Time, el personaje del año es Ben Bernanke. Dice su editor: “La recesión ha sido el tema del año. Sin Bernanke hubiera sido mucho peor”. Para Le Monde, Luiz Inácio Lula da Silva, porque “a ojos de todos, encarna el renacimiento (...) de un gigante”. El País concuerda. Para El Financiero, Analía Elizondo, quien levantó El Angel después de Cinchona merece reconocimiento.
Ya hizo bien don Alvaro Madrigal en denunciar, por espuria, la designación de un corruptor como Personaje del Año por un periódico. Un Santa Claus moderno, no solo por lo que admite haber repartido sino porque en Multiplaza le vi el 21, cargado de bolsas de regalos destinados a quién sabe quién.
Lo mío va por otro sendero. ¿Cómo poder enmendar el amarillismo y la corrupción que invaden por igual al Quinto Poder —la prensa— que a los otros cuatro poderes sin reparo? Todos.
La prensa señala duras críticas al Ejecutivo, al Legislativo, al Judicial y al Electoral. Se catapulta con base en imputaciones —a veces anónimas, otras implicadas— para validar su información. Se vale del contexto en declaraciones de lo absurdo para vender.
Obvia con demasiada crudeza el balance noticiario por el balance contable. Aprovecha circunstancias, ocurrencias, también males y descomposición para denunciar y vender. ¿Y quién les llama a cuenta? Nadie.
Primero por miedo. Entendidos que el poder de la prensa es inenarrable en nuestro país y en este momento.
Segundo porque eso de que “más vale que hablen de uno (…)” ha sido un paradigma impulsado por los mismos medios en detrimento del ser humano: Escandalizar, vilipendiar, abusar y finalmente condenar son oficios impropios de la función periodística.
Tercero, porque sin necesidad de embaucar a quien razona, el periodismo hoy por hoy es un servicio a cambio de dinero o bienes. Como lo es el de abogado —que practico— o el de médico. Lo que nos diferencia es la relación perjuicio/beneficio que, en los dos últimos casos no corresponde a favor alguno para nadie más que no sea el desvalido (quiero creer).
Vivimos de esta realidad y somos víctimas en potencia o, en su defecto y en aras de enaltecer lo burdo, personajes que ataviarán un titular o una edición especial.
Más, y vale preguntarse, ¿queremos el protagonismo, nos dejamos o lo permitimos? Seguimos siendo dueños del ser humano que ocupamos.
Arrancamos un año nuevo. Lleno de esperanza y de oportunidad de hacer las enmiendas que correspondan. Hagamos el propio por una de ellas y, de forma contundente, demandemos que el periodismo amarillista desaparezca y que se enaltezca esta función y poder que requerimos y exigimos de forma responsable.
Seguiremos escribiendo por aquí no solo mientras me aguanten, sino también, en el tanto ahuyenten el sensacionalismo empresarial.
Feliz Año para todos.