Roberto Dobles

Roberto Dobles

Enviar
Lunes 14 Marzo, 2016

 En muchos países en el mundo se está robusteciendo la competitividad de todo su mix energético producto de la incorporación de fuentes de energía de bajo costo y de grandes adelantos tecnológicos

Energía cara, falsas premisas y el cuento

Muchos países en el mundo se desarrollaron y se hicieron ricos en gran medida gracias a la disponibilidad y al desarrollo responsable de sus fuentes de energía. Noruega es uno de estos casos.

Lo que interesa, desde la perspectiva de la competitividad y del desarrollo, no es si los costos de la energía son altos o bajos a nivel nacional, sino si estos son más altos o más bajos que los que existen en los países con los que competimos. Este es el tema clave.

El problema es que la competitividad energética de Costa Rica ha venido deteriorándose debido a la reducción de los costos de la energía en otros países con los que competimos y al reemplazo progresivo de petróleo por fuentes sustitutas más baratas y ambientalmente superiores, como el gas natural.

En muchos países en el mundo se está robusteciendo la competitividad de todo su mix energético producto de la incorporación de fuentes de energía de bajo costo y de grandes adelantos tecnológicos.



Esto nos exige entonces reducir significativamente los costos nacionales para poder crecer más, generar más recursos fiscales y crear más fuentes de empleo.

Pero mientras otros avanzan en el ajuste competitivo de su mix energético a las nuevas condiciones competitivas mundiales introduciendo fuentes de energía de menor costo, aquí seguimos estancados con altos costos relativos que afectan los costos de todos los bienes y servicios.

No se puede seguir cargando a los precios nacionales de la energía los costos de proyectos que son caros o que no son lo suficientemente robustos en relación con la creciente competitividad internacional.
El desarrollo de fuentes de energía en el país más caras que las que se están desarrollando en otros países tiene un impacto negativo determinante en la prosperidad.

Adicionalmente, los precios internacionales del petróleo y su creciente volatilidad son un referente (“benchmark”) clave para determinar si un proyecto energético de cualquier tipo será económica y financieramente viable en el tiempo.

Estos precios internacionales pueden bajar aún más, aunque se estima que tarde o temprano volverán a subir. Pero nadie sabe ni cuándo ni cuánto subirán, ni cuál será su evolución. Y si suben, también pueden bajar posteriormente.

Una lección que ha dejado la caída de los precios del petróleo y los adelantos tecnológicos es que no se puede seguir creyendo el cuento de que los precios de la energía solo pueden subir.

Con esta falsa premisa se han fomentado proyectos energéticos caros que de otra manera nunca hubieran sido factibles económicamente.

Estos proyectos caros pudieron ser desarrollados solo porque los altos costos se trasladan a los precios nacionales bajo el principio de “servicio al costo” (aunque el costo sea alto), deteriorando aún más la competitividad nacional y obstaculizando el logro de los niveles de crecimiento económico que el país necesita.

Y todavía se escuchan propuestas basadas en la falsa premisa que los costos de la energía solo pueden subir.