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Lunes 9 Enero, 2012

Emboscada al plan fiscal

Lo llamaron “Proyecto de Solidaridad Tributaria” y bajo ese título se escribió su epitafio. Al menos un epitafio momentáneo, mientras la Sala Constitucional, ensoberbecida de poder, acepte hacerle una radiografía al que fuera el proyecto bastión de la Administración Chinchilla. Es en ese cuerpo jurídico donde la solidaridad se juega su nombre: o cae abatida por los intereses mezquinos de los grupos económicos que imponen su ley cada vez que alguien osa tocarles sus cuentas bancarias, o sobrevive, enhiesta, para devolverles la fe a quienes aún confían en una Costa Rica desprendida y fraternal.
Quizás era esa segunda raigambre de costarricenses en la que pensó la Presidenta Chinchilla cuando decidió ponerle nombre a la iniciativa, sin sospechar siquiera que iba a aflorar de nuevo, como tantas veces que se han emprendido cruzadas fiscales, el espíritu mezquino de algunos compatriotas, arraigado desde la colonia, para oponerse de manera rotunda a lo que atenta con minar su poderío económico.

La historia se repite. Primero, el desfile de grupos económicos poderosos en la Comisión Fiscal para advertir de los peligros de la Solidaridad Tributaria, luego la campaña mediática de la “Costa Risa” para burlarse del Proyecto, más tarde las manifestaciones callejeras dizque para mostrar la fuerza de sus acólitos. Recientemente los celos políticos de un Presidente Legislativo que advierte de los errores de forma que lleva el trámite del Proyecto, en el afán de imponer su tesis contraria a la del líder del Partido. Por último, la estrategia montada por los sectores poderosos para frenar el proyecto utilizando a la Sala Constitucional como mampara y a un diputado socialcristiano servil como instrumento.
Mientras tanto, la emboscada tejida desde lo interno de las capas poderosas de la sociedad pone al país ante la disyuntiva de acelerar el camino hacia una recesión económica de impredecibles consecuencias o, en dado caso, aletargar el crecimiento económico proyectado por la presente administración. El resultado: un déficit fiscal de enormes proporciones que hace un grave daño a la economía costarricense ante el mundo y la conmina al destierro financiero.
¿Qué pretende la emboscada? Parar la iniciativa fiscal en primer lugar. En segundo término, no dejar gobernar a la Presidenta Chinchilla. Y en tercer lugar, esperar a un mesías en la próxima administración que apruebe una reforma fiscal a la medida de esos grupos poderosos.
Es evidente que Costa Rica dejó hace mucho de ser una nación solidaria, como lo pretendía la actual iniciativa fiscal. Ahora los ricos van por su lado, sin detener su paso ante la avalancha de necesidades del resto de la sociedad. Y eso no es ni más ni menos que la dramática fotografía de un país “partido”, donde la palabra solidaridad no existe y el peso de la balanza económica tira hacia un solo lado.
Cuando se les pregunta a los grupos poderosos qué hacer ante la compleja situación fiscal, solo atinan a devolver el guante sin proponer soluciones. El malo de la película es Hacienda, que no cobra los impuestos; es el Gobierno, que no se soca la faja en los gastos; es la estructura burocrática, que atenaza a las instituciones estatales y no las deja respirar; es… es… la fácil salida para escabullirse de tributar.
Esa emboscada tiene muchos promotores. Unos han revelado sus identidades, mientras otros esconden su cabeza mientras pasa la tormenta. Todos confiados en que su poder económico es suficiente garantía para exterminar la idea de un proyecto de solidaridad tributaria, que solo busca cercenar sus fortunas. La emboscada, si resulta, no los delatará ante el resto de la sociedad. De suceder lo contrario, esas fortunas estarán en lugares seguros, paraísos fiscales, donde la mano de Hacienda no puede llegar… por un país más solidario.

Luis Alonso Vargas Ocampo
Periodista