Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 8 Diciembre, 2007

ELOGIOS
La soberbia

Leopoldo Barrionuevo

La soberbia es el mayor de los pecados capitales, en la medida que no se basa en el orgullo por sí mismo sino en el menosprecio por los demás, al negar de plano la razón del otro e imponerle su punto de vista, inclusive la soberbia es desconsiderada cuando impone a los otros la suficiencia a la espera del servilismo que pueda alimentar esos escenarios de grandeza que los rodean, de ahí que los revolcones y las derrotas los humillen más de la cuenta y resulten divertidos para la gente, pero trágicos para ellos mismos.
Lo precedente me hace menos digerible entender la admiración que provocó Chávez con la admisión de su derrota en el referéndum venezolano: Kirchner destacó que se había comportado como un gran demócrata, al igual que el presidente del Paraguay; Felipe Calderón de México, como un ejemplo; Daniel Ortega destacó que Venezuela está libre de dictaduras y no hubo gobierno que no se maravillara de la humildad del locuaz mandatario. Es como si un suspiro de alivio sacudiera al continente ante la conducta ejemplar de Chávez. En consecuencia, si es un demócrata ¿a qué tanto alarde por lo que es normal o acaso lo que se esperaba era otra torta del verborrágico Hugo?
Hay que aclarar que se hubiera comportado como un gran demócrata si no hubiera callado previamente a algunos medios que consideraba peligrosos; si el resultado se hubiera dado azarísticamente sin demorar horas antes de declarar, mini constitución en mano, que “por ahora no pudimos” (pero insistiremos).
Después de la marcha del viernes por el No, Chávez había prometido el sábado una manifestación diez veces más grande, pero se quedó corto: la del No sobrepasó todas las expectativas a punto tal que al fondo y a los costados de la manifestación se veían claros de cuadras vacías apenas disimuladas por esa difuminación que se usa en fotografía para disimular la identidad de los menores o el desnudo de las mayores.
Uno se pregunta si CNN se presta a esos juegos mágicos pero la respuesta la dio el mismo Chávez al denostar todo el tiempo a la CNN mientras por más de dos horas la Cadena le brindaba un espacio multimillonario.
Alguien podría pensar que se trató de tiempo comprado.
Lo que sigue no va a ser sencillo, ni barato o sin dolor: como en nuestro No, lo que se debatía era mucho más profundo que la aprobación de un Tratado o como en el caso de Venezuela, la extensión de un mandato; lo realmente importante es algo mucho más profundo tal como la oposición de la juventud en un país sin líderes o bien sin renovación de ideas como las dicotomías engañosas de socialismo-capitalismo, izquierda-derecha, neoliberalismo-comunismo.
Tal cual lo estamos viviendo en Costa Rica, es la juventud la que se hizo oír, más allá de las fuerzas que quieran acallar el clamor por el cambio y solo se requiere la entronización de líderes para dar cauce a los ríos del devenir. Esto pasó aquí y comienza a pasar allá, pero me temo que hay demasiado optimismo en Venezuela por el destino de este paso que demuestra una vez más que todo lo que pretende eternizarse, muere.
Ahora es el momento de Raúl Baduel, el sostén de Chávez en el último golpe de estado y hasta hace poco su Ministro de Defensa, el que maneja las armas y es buscado por la oposición para enfrentar a Chávez, algo que parecía impensado antes de la convocatoria al referéndum: puede que al menos bajen los decibeles y el tono y el volumen de las insoportables peroratas de Chávez. Oídos y buen gusto agradecidos.
Y si es bueno que haya otra figura protagónica en el escenario, lo malo es que también se trata de un milico.

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