Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Jueves 2 Octubre, 2014

A falta de luces claras y camino certero, el presupuesto hoy, es todo un albur


Hablando Claro

¿Elefantes en la cristalería?

Cual punta del iceberg, el Presupuesto Ordinario de la República para 2015 está develando la enorme complejidad que presenta el equilibrio de las finanzas públicas, la inmensa división de criterios políticos y sociales acerca de cómo enfrentar ese desequilibrio y lo gigantesco del reto de avanzar hacia una propuesta viable de reforma fiscal.
Por lo pronto, el gobierno se vio obligado a anunciar el lunes sin mayores elaboraciones y detalles una reducción por más de ¢220 mil millones en el plan de gastos, que aunque se entiende como un paso en la dirección correcta, resultó ser una especie de birlibirloque, un artificio de cifras y rubros (postergación de amortización de obligaciones y ejecución de superávits financieros) para hacer aparecer la propuesta de reducción mucho más grande de lo que en realidad es.


Por eso, Liberación Nacional primero y otros actores después, no tardaron en señalar el anuncio del Ejecutivo como una maniobra de maquillaje e incluso de burla al entendimiento.
Consecuentemente, parece que el tiempo que ganó Casa Presidencial el fin de semana —gracias a la ayuda de sus aliados en el Congreso— para lograr articular una propuesta de reducción de gastos, no resultó creíble y todo hace pensar que esta iniciativa gubernamental de disminución del presupuesto se estrellaría en el camino de la impericia. La fórmula, obligada por las circunstancias, no pasa el análisis que se inició desde el mismo lunes en el último capítulo de la inédita novela en que se ha convertido este trámite presupuestario.
Los opositores verdiblancos, que fueron los únicos en acompañar a Ottón Solís en la fallida megamoción para reducir 307 mil millones del presupuesto, plantearon a sus colegas parlamentarios de todas las bancadas hacer un nuevo esfuerzo por una reducción verdadera, justamente por la cabalística suma de la llevada y traída moción Solís, que equivale el 1% del déficit, proyectado para un altísimo 6,7% en 2015.
Lo que está pasando pone a prueba la capacidad de sorpresa. No solo se trata de los usuales juegos políticos que marcan de forma característica los movimientos en el trámite de los proyectos de ley. No solo refleja la intrincada maraña que se produce en un cuadro político tan fragmentado (incluyendo a la propia fracción de gobierno). Más que eso. El proyecto de presupuesto ordinario de la República para el próximo ejercicio fiscal, tristemente parece estar dejando en evidencia lo desarticulada y desacertada que está resultando la conducción hacendaria.
Lo cual indica, por tanto, que efectivamente es el Congreso, a falta de mayor pericia del Ejecutivo, el que tendrá finalmente que enderezar este plan de gastos. Claro está que al trámite parlamentario le queda un largo periodo (porque dos meses en términos políticos es mucho tiempo) y si por la víspera se saca el día, a este embrión de presupuesto le falta mucho desarrollo para ver la luz de la aprobación final el 30 de noviembre.
En síntesis, a falta de luces claras y camino certero, el presupuesto hoy, es todo un albur. Y si por la víspera se saca el día, no quiero ni pensar en lo que podría pasar con cualquier intento hacendario por articular propuestas creíbles y sostenibles de reforma fiscal.

Vilma Ibarra