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Martes 15 Enero, 2008

El verdadero éxito: la plenitud


Hablar de éxito es algo completamente relativo, pues para cada persona puede representar algo distinto, ciertamente es muy subjetivo, pero quizás todos podemos coincidir en que el verdadero éxito es aquel que nos hace sentir plenos y nos enseña a vivir más conscientemente para no sentir que la vida se nos escurrió entre los dedos y no hicimos nada de aquello que nos hubiera gustado y sobre todo que nos tocara el alma.
Nelson Mandela dijo que a lo que más tememos es a nuestro verdadero potencial, y este no tiene que ver tanto con nuestra área profesional, sino más bien con la existencial, donde necesitamos aprender a arriesgarnos más allá del área de confort para ver qué surge, no por impulso, sino por genuina decisión y escogencia.
Creo fielmente que la vida está en todos esos pequeños o grandes detalles que se entregan de verdad para ser vividos en realidad, pues nos dejan huellas en el alma de esos momentos que nos permitieron conectarnos más profundamente desde nosotros con otros, y entonces reconocemos que no solo es cierto sino también posible.
Siempre tenemos un deseo y necesidad por conocer más allá de la superficie, por comprender de dónde vienen las motivaciones para la vida, porque hay preguntas que nos repetimos a lo largo de la historia, preguntas fundamentales, y las respuestas siempre quedan abiertas para el tono de la época, nuestro desarrollo como humanidad y, quizás más importante, para cada uno de nosotros como una forma de buscar un sentido más profundo, un significado real al quehacer, en parte, pero sobre todo al plano más amplio de nuestra existencia, pues de otra manera parecería que la vida se resume en cumplir con estándares y expectativas pero no a sentirla plenamente desde nosotros mismos.
Ciertamente la plenitud no es un espacio afuera, sino más bien algo sentido profundamente en nuestro interior y bien puede, aunque no necesariamente, estar ligado a nuestro quehacer en el mundo, pero sobre todo al sentir con respecto a nosotros mismos y al despliegue de ese sentir en todos los ámbitos de nuestra existencia.
Con el tiempo aprendemos a dejar de ser seres humanos con experiencias espirituales para convertirnos en seres espirituales con experiencias humanas, porque la única manera de perder la vida es por no estar presentes en ella, por no vivirla desde nosotros, por no sentirla desde más allá de nuestra piel. Tal vez cuando comprendamos esto logremos alcanzar el verdadero éxito. Poco conocemos y mucho juzgamos, quizás por ello nos perdemos de conocer qué es lo que acompaña a todas las obras que realizamos los seres humanos todos los días, de una manera más profunda. Con ello también pasamos por alto el sentido y el significado de la existencia.

Raymundo Macís Delgado