Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 5 Junio, 2015

El rol histórico de las universidades públicas

Tuve el honor de haber sido invitado a la ceremonia de incorporación de la Universidad Técnica Nacional (UTN), el martes por la noche, al Consejo de Rectores (CONARE). El acto fue presidido por los jerarcas de las otras universidades. El discurso del rector de la UTN, Lic. Marcelo Prieto, constituye una honda reflexión sobre lo que deben ser las universidades en estos tiempos en que la humanidad experimenta la más grande revolución científico-técnica de su historia; lo que ha posibilitado la planetarización de la especie en forma irreversible.
Pero la raíz de la crisis que hoy vive la humanidad se debe, en gran medida, a que el desarrollo científico y tecnológico corre a la velocidad del jet, mientras que la adecuación de las instituciones políticas que deben velar por la paz y el bienestar de todos y, por ende, garantizar la supervivencia de la especie, camina con la acongojante lentitud de la tortuga.
En Costa Rica un elevado porcentaje de jefes de Estado y altos jerarcas, no solo en la política, sino en todos los campos del quehacer humano: economía, arte y cultura, medios de comunicación, etc., son o han sido profesores universitarios. Más aún, según las últimas encuestas las universidades públicas gozan ante la opinión pública de la más alta valoración como dignas de credibilidad. Lo cual es particularmente impresionante dado el descrédito en que han caído las instituciones y figuras políticas.
Y es aquí donde considero deben las universidades públicas jugar un papel que la coyuntura histórica les ha asignado.
El reformador de la universidad e influyente intelectual, Rodrigo Facio, decía que la universidad debe ser “la conciencia lúcida de la Patria”. Considero que la causa más profunda de la crisis global que vive el país se debe a que la clase política parece no poder asumir hoy el rol que le corresponde, no por falta de voluntad sino porque carece de un proyecto global de país. Los políticos no ejercen ningún liderazgo porque están desorientados.
Un Estado excesivamente centralizado al servicio preponderantemente de una Meseta Central sobrepoblada en contraste con el resto de un país poco poblado, no está en condiciones de conducir los destinos de la nación. Sobrepasados por los acontecimientos, los políticos han tratado de desviar la tradicional hegemonía del Poder Central hacia los otros poderes constitucionales. Lo han intentado haciendo de la Sala IV una especie de senado a riesgo de judicializar la política. A la luz de los resultados de las últimas elecciones, intentan ahora construir una parodia de régimen semiparlamentario, lo cual no hace sino enredar las cosas debido a la proliferación de partidos (9).
Dado el vacío de poder que se ha suscitado, intentan fijar la agenda política poderes fácticos que responden a intereses cada día más pequeños pero más poderosos. Inventan un escándalo (que por desgracia abundan) cada semana y ponen a correr a los políticos como si fueran fontaneros cuyo oficio es tapar huecos de artefactos ya prácticamente inservibles.
Frente a este caos que nos pone al borde del abismo, las universidades públicas deben proponer a la ciudadanía un proyecto país. Porque esto es lo que hace falta. Solo sabiendo hacia dónde vamos podemos escoger el camino adecuado. Las universidades poseen el caudal de masa crítica suficiente para asumir esa tarea patriótica.
El ambiente que se respiraba en una ceremonia como la que acabo de vivir me da esperanzas de que se pueda lograr.

Arnoldo Mora