Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 21 Julio, 2015

Las expectativas de lo que la ciudadanía quiere del Estado están muy lejos de lo que el Estado puede y tiene condiciones materiales para entregar

Reflexiones

El modelo de desarrollo

Costa Rica ha sido una sociedad exitosa en múltiples campos de lo social, lo económico, lo cultural y lo ambiental. Existen importantes logros que hemos ido acumulando como resultado de las reformas institucionales de la década de los cuarenta del siglo XX.
Muchos de dichos logros han estado asociados a un Estado Social amplio que de forma significativa ha alterado las condiciones de vida grandes sectores de la sociedad.
Sin embargo, la capacidad del Estado para atender las demandas del pasado, hoy consideradas un punto de partida por las nuevas generaciones, es cada vez menor. De igual forma, la ampliación de muchas otras áreas y requerimientos de la ciudadanía al Estado es una ola creciente muchas veces no sustentada en recursos fiscales o parafiscales, por lo que se queda en grandes pronunciamientos políticos, pero escasos resultados concretos.
Si nuestra economía hubiese crecido al 6% promedio en las últimas tres décadas, los requerimientos de ajuste fiscal que hoy se manifiestan no serían necesarios.
Sin embargo, la ampliación de requerimientos para el Estado hubiese requerido de no menos de 6 puntos porcentuales del PIB en nuestra carga tributaria.
Las expectativas de lo que la ciudadanía quiere del Estado están muy lejos de lo que el Estado puede y tiene condiciones materiales para entregar.
De igual forma, la resistencia al cambio por aquellos quienes han acumulado privilegios o han logrado formar parte de quienes se benefician con el statu quo, genera imposibilidad real para realizar las transformaciones políticas que garanticen avanzar hacia una sociedad más balanceada.
Es por eso que nos hemos gastado como país al menos 25 años discutiendo la reforma fiscal y aún no tenemos un acuerdo claro hacia dónde ir en este campo.
Nuestra democracia y sus reformas políticas caminan al paso de la tortuga, las demandas y requerimientos de la sociedad avanzan aceleradamente.
Es cuestión entonces de esperar que estos dos cables tengan pronto un corto circuito y que se desate una crisis mayor que ocasione las condiciones para una reforma social, política y de Estado sustancial.
Pareciera entonces que vivimos en un país donde sus actores políticos se han rezagado de las demandas sociales, por lo que resulta evidente que la crisis de ingobernabilidad y de gestión del Estado costarricense tardará mucho en resolverse. Así las cosas, el tren de nuestro destino como país sigue hipotecado por su pasado que fue y su futuro que no parece ser. Las reformas son evidentes para buena parte de quienes como espectadores vemos pasar los años y los debates gastados de sordos de cara a los grandes desafíos. Lastimosamente en los últimos años se agrega al debate una falsa dicotomía ideológica gastada y fuera de sitio en las reformas del presente.

Leiner Vargas Alfaro
www.leinervargas.com