El Ministro de la Presidencia
En el multipartidismo el Ministro de la Presidencia se hace más importante, pero exige un Ministro con calidades de buen comunicador, y c...
En el multipartidismo el Ministro de la Presidencia se hace más importante, pero exige un Ministro con calidades de buen comunicador, y con habilidades de buen político
El 24 de diciembre de 1961, con la Ley de Presupuesto No.2980, se creó el Ministerio de la Presidencia. Ese día se le “regaló” al Estado una figura clave en la coordinación y comunicación política de los diversos actores sociales, tanto públicos como privados, el Ministro de la Presidencia.
Su creación se sustentó en la necesidad de descongestionar políticamente al Presidente de la República, priorizando su papel de Jefe de Estado; pero asistido por un Ministro de la Presidencia en asuntos de gobierno. La ley no lo indica taxativamente, pero define al Ministro de la Presidencia como un Jefe de Gobierno, pues dice que presidirá la organización política y administrativa del Poder Ejecutivo. Algo que comprendieron muy pocos de los que han llegado a serlo.
El desconocimiento de muchos que llegan a gobierno, de cómo está definido el entramado institucional nacional, no ha permitido comprender a plenitud la función de este Ministro, clave en la vilipendiada gobernabilidad e indispensable para la correcta forma de hacer gobierno en un sistema presidencialista.
Nuestra centenaria historia política demuestra que el sistema presidencialista ha sido exitoso. En el continente americano Costa Rica es un ejemplo sólido de las virtudes del régimen; solo superada en años de práctica por Estados Unidos de América. El problema ha estado en las personas que ejercen el gobierno, la solución no es un cambio brusco de sistema, sino interpretar bien el que tenemos y potencializar sus instrumentos.
En el multipartidismo el Ministro de la Presidencia se hace más importante, pero exige un Ministro con calidades de buen comunicador, y con habilidades de buen político, que comprenda la real politik.
Además, requiere empoderarse con la confianza del Presidente, así como la credibilidad y el respeto de los diversos partidos políticos y grupos de presión.
La idea de este Ministerio surgió de la necesidad de contar con un instrumento democrático que permitiera establecer la capacidad de cooperación de los diversos órganos del Estado, a sabiendas de que nuestros graves problemas de gobernabilidad no solo están en la asistémica ingeniería institucional, sino en las calidades y la capacidad de quienes ejercen temporalmente el poder.
Para algunos es difícil comprender que el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo son dos “bueyes” de una misma carreta; así funcionan en el parlamentarismo tan invocado como la solución de nuestros problemas de gobernabilidad. Un buen Ministro de la Presidencia puede lograr la coordinación y la colaboración de ambos órganos.
Un buen Ministro de la Presidencia permite la cohabitación de las diversas fuerzas políticas de la sociedad en la definición de las políticas públicas, es antídoto que evita el hiperpresidencialismo. Ahora, es la actitud y la personalidad del Ministro de turno lo que lo definirá como un simple Ministro coordinador o como un verdadero Jefe de Gobierno. Un Ministro de la Presidencia debe ser un líder político que comprenda como dijo alguna vez Tony Blair —ex Primer Ministro británico— “el arte del liderazgo es decir no, no sí. Pues es muy fácil decir sí”.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo