Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 27 Agosto, 2010


El hoy de Nuestra América


El apelativo de “Nuestra América” aplicado a estos inmensos territorios que durante casi cuatro siglos formaron parte de los imperios coloniales de España y Portugal y que se encuentran al Sur del Río Bravo, se debe, como es de sobra conocido, al prócer de la independencia cubana, José Martí. Lo hizo deliberadamente para distinguirnos de la otra América, la anglosajona y que queda al Norte de nuestra geografía. Pero lo hizo también con un tono polémico, provocativo y desafiante. Se trataba de oponer nuestra identidad a la doctrina Monroe que, desde sus orígenes, ha inspirado la política de Estados Unidos hacia sus vecinos del Sur y que declara sin ambages que (toda) América es de los (Norte) americanos. En otras palabras, que la independencia de estas regiones de España, lograda gracias al heroísmo de nuestros próceres, no significaba más que un cambio de metrópoli imperial: Washington reemplazaría a Madrid. Con su acostumbrada lucidez, en los inicios mismos del siglo XIX, el filósofo alemán Hegel señalaba que el destino histórico de las dos Américas estaría marcado por la confrontación entre ambas, si bien por el momento los rubios del Norte tenían todas las posibilidades de ganarla. Por desgracia, la historia ha confirmado lo dicho por el gran pensador teutónico.
Pero la historia está cambiando de manera palpable a inicios del siglo XXI como lo muestra lo que ahora pasa en América del Sur. Este giro de la historia quedó patente en el desenlace del conflicto que, a finales de su gobierno, quiso provocar el presidente colombiano. Uribe trató de crear un conflicto de imprevisibles consecuencias con su vecina Venezuela. Contaba con el apoyo del Departamento de Estado. Gracias a la pronta intervención de la diplomacia suramericana a través de UNASUR, se demostró que el eje Brasilia-Buenos Aires-Caracas está en capacidad de derrotar las manipulaciones del otro eje, Bogotá-Washington.
Pero hay más. La voz autónoma y soberana de Nuestra América ha resonado en el ámbito extracontinental por medio de un Brasil que, gracias al liderazgo del presidente Lula, es considerado hoy como una “potencia emergente” en la política mundial. Lo dicho se puso de manifiesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde ahora Brasil ocupa un lugar. Conjuntamente con Turquía, que también ocupa un asiento en el Consejo de Seguridad, votó en contra de las sanciones a Irán tomando así distancia de las potencias que tienen un lugar fijo en dicho Consejo. Nuestra América da muestras, con ello, de haber llegado a su mayoría de edad.
En concreto y en lo que a Costa Rica se refiere, es elemental que un mínimo de realismo nos haga ver con ojos diferentes cuáles deben ser ahora y qué se deben reflejar en las posiciones que asuma nuestro gobierno en los organismos internacionales, nuestras prioridades en material de política internacional, en que se deben incluir, por supuesto, los vínculos comerciales. Esta nueva actitud nos debe inducir a fijar nuestra mirada hacia el Sur y no únicamente hacia el Norte, no solo por la total dependencia que tenemos del petróleo venezolano que, en caso de un conflicto regional, cesaría de inmediato, sino también porque la crisis de la economía norteamericana va para largo. La realidad geográfica, los vínculos históricos y culturales que atan indisolublemente a los pueblos de Nuestra América, vienen a reforzar este imperativo de un cambio en la política internacional del actual gobierno. Es por eso que considero una aberración el que Laura haya nombrado a Eduardo Ulibarri como embajador en Naciones Unidas.
El sueño de Bolívar está dejando de ser una utopía cuasi escatológica para hacerse cada vez más tangible. No en vano hemos comenzado un nuevo siglo, el que, sin duda, se caracterizará en la historia por hacer posible nuestra segunda y definitiva independencia.

Arnoldo Mora