Enviar

Hagamos un esfuerzo por dejar atrás el desinterés por el bien común, y miremos y actuemos hacia el futuro con un espíritu movido por las mejores intenciones, no solo con inteligencia, sino también con conciencia y honor


El honor de ayer mostrémoslo hoy

Quizás una buena forma de rendir homenaje y agradecimiento hoy, 11 de abril, a los hombres que dieron la vida o la arriesgaron seriamente por asegurarle a Costa Rica su independencia en momentos en que se intentó doblegarla a voluntades externas, es dar una nueva lucha, esta vez educativa, para dar un salto al mundo del siglo XXI, sin perder nada de lo mejor que somos.
¿Cómo lograr semejante meta? Mediante un plan que trace, objetivo tras objetivo, el pronto aprendizaje de los conocimientos y destrezas que hoy demanda el sector productivo, sin descuidar la formación integral y conservando, renovados, los mejores rasgos de nuestra colectividad; aquellos que nos distinguen de los demás.
El reto, que pareciera monumental, es factible, sin duda. Lo que no gastamos en ejército y armamento para hacer la guerra, dediquémoslo a construir la paz, mediante un país en donde todos tengan la oportunidad de aprender lo que ofrece la sociedad del conocimiento y vivir lo mejor de nuestra cultura.
La voluntad para lograrlo debe cobrar fuerza en nuestros gobernantes, pero es en nosotros, quienes los elegimos, donde debe existir la clara conciencia de que solo así podemos alcanzar una vida mejor para todos.
Costa Rica cuenta con la institucionalidad suficiente para alcanzar esa meta. Los abuelos se ocuparon ya hace mucho de dejarnos esa incalculable riqueza. Está en nosotros hacer lo necesario para que sea actualizada, limpiada de “malas hierbas” y estimulada para que trabaje con ímpetu y probidad. El ejemplo, en esto, vale más que cientos de discursos.
Por pequeños que seamos en territorio, no somos menos capaces que otras naciones de progresar para estar a la altura de los tiempos.
Sin embargo, debemos alcanzar la sabiduría para encontrar nuestro propio camino sin copiar otros que quizás sean buenos en diferentes latitudes y culturas pero no para nosotros.
Hoy que rendimos homenaje no solo a Juan Santamaría, sino a todos los que se sacrificaron en aquella gesta junto a sus familias, hagamos un esfuerzo por dejar atrás el desinterés por el bien común (tan arraigado hoy) y mirar y actuar hacia el futuro con un espíritu movido por las mejores intenciones, no solo con inteligencia, sino también con conciencia.



Ver comentarios