Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 23 Febrero, 2012


De cal y de arena
El harakiri de un político

Ottón Solís Fallas porta un galón de gasolina y una caja de fósforos para advertir de lo que haría si sus caprichos no son aceptados sin condiciones. El símil me parece más apropiado al caso que aquel otro del individuo que a disgusto de lo que acontecía en la cancha de fútbol, arrebataba la bola y se la llevaba. El candidato presidencial fallido en varias elecciones posiblemente por no tener la habilidad que exige la política para subir el último escalón y por no entender que un partido político es algo muy distinto a un feudo, anuncia estar dispuesto a quemar naves.
A diferencia de Hernán Cortés que quería imponer la conquista de un territorio que valía la pena, Ottón Solís quiere imponer la aprobación de una ley que no vale la pena; lo evidencia el esquelético respaldo político y parlamentario con que cuenta.
Ni el gobierno ha podido articular un apoyo sólido y entusiasta; el gabinete y la fracción parlamentaria muestran fracturas importantes y el mismo Presidente del Partido Liberación Nacional, el economista y ex Ministro de Hacienda Bernal Jiménez, ha sido directo y claro en sus críticas técnicas y filosóficas al paquete de impuestos. Ni se diga de las asociaciones de empresarios y obreros, ácidamente críticos. Pocos grupos lo repudian al 100% y la mayoría converge en que se necesita aumentar la carga tributaria pero también racionalizar el gasto, eliminar el dispendio y atacar las gollerías, virtudes que no tiene la ley que desvela a Ottón.
Si el fallido candidato realmente busca con su ucase el rescate del paquete tributario de las llamas, lo que está demostrando es una atrofia grave en su mucosa olfatoria: no percibe que huele a muerto. Y si lo que se propone es una imposición “a güevo” de su voluntad, arrasando para ello con los preceptos éticos que alegó para justificar su repudio al PLN, lo que demuestra es una atrofia grave para asimilar los cambios que ha experimentado la política y el ajedrez de los partidos hoy. Una y otra razón abonarían la percepción de que carece de los atributos para ejercer liderazgos y de que le ha llegado la hora del retiro, por mucho esfuerzo que haga La Nación para oxigenarlo. Algo peor que este escenario tan preocupante es que Solís esté descargando los odios que acumula en su bilis contra la Alianza por Costa Rica desde que nació esta fórmula de ordenamiento del desempeño de los diputados de oposición, no para uniformarlos ideológicamente pero sí para darles el sentido de alternativa a la concentración abusiva del poder político en el Partido Liberación Nacional. Lo importante, lo trascendente hoy de la Alianza es salirle al paso al arraigo de un modelo de gestión de gobierno al estilo PRI de México lo que pasa por desbaratar la estructura de control e influencias presente en el Poder Judicial, el TSE, la Contraloría, la Procuraduría, la Defensoría del Habitante y todo lo que se desprende de ahí. En una hipótesis Ottón Solís estaría prendiéndole fuego al PAC. En la otra, prendiéndole fuego a la democracia costarricense.

Alvaro Madrigal