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Viernes 14 Octubre, 2016

A los jóvenes se les toma en cuenta solo si estos apoyan lo establecido

El futuro es hoy y todos lo debemos entender…

Miguel Carabaguiaz Murillo

Exviceministro de Economía, Industria y Comercio

Expresidente ejecutivo de INCOFER

 

Los jóvenes deben entender que no puede haber resignación, que debe de haber rebeldía para construir. Que deben saber procesar la información e interpretarla, lo cual es diferente a leer o escuchar noticias. Que las leyes deben ser justas pero especialmente que se apliquen con justicia. Que debe existir un compromiso del estudiante, del trabajador y del profesional joven para luchar por cambiar las cosas, por lograr un orden más solidario, más lleno de oportunidades y que la única forma de conseguirlo es siendo actores activos.

La afirmación de que los jóvenes son el futuro es una afirmación que lleva una sensación motivante pero al mismo tiempo encierra una condición que limita la iniciativa y la creatividad de los jóvenes. Lo digo y lo creo pues toda iniciativa y toda acción para crear, para existir debe realizase en el presente, pues al retardar o posponer para el futuro se corre el riesgo de permanecer para siempre como algo que talvez ocurra más adelante sin llegarse a concretar.

Si entendemos que los seres humanos que en su juventud son creadores y transforman la realidad mediante la innovación, serán siempre jóvenes. Entonces debemos entender que los jóvenes que piensan y se sienten como actores del futuro estarían hoy pensando y sintiéndose de la forma que los adultos que hoy hacen el presente quieren que actúen y piensen logrando evitar la participación de los jóvenes.

Otro punto notable es la marcada tendencia al nepotismo que está vigente aún más en nuestra sociedad y que es sin duda sinónimo de inmovilismo.

En nuestra sociedad ser "hijo de" o "pariente de" tiene un alto valor y se traduce en una marginación de las nuevas corrientes e ideas. Lo establecido resta apoyo a lo nuevo y diferente. Lo establecido tiende a apoyar lo conocido, lo que tiene un proyecto predecible.

Aunque los partidos políticos tienen juventudes políticas propias, en muchos de ellos el apoyo ofrecido es mínimo y siempre dentro de los lineamientos que los mayores fijan, si los jóvenes se salen de esos lineamientos violan las normas no escritas pero que están prefijadas y se les margina o resta apoyo. A los jóvenes se les toma en cuenta solo si estos apoyan lo establecido.

Lo que muchas veces los adultos no comprenden es que los jóvenes no son ambiciosos por el poder, son ambiciosos por la participación, por la justicia, por el desarrollo sostenible, por la equidad e igualdad de oportunidades.

Por esto y otras es que hoy los jóvenes no están interesados mayoritariamente en política, debido principalmente a la falta de credibilidad que les tienen a ciertos políticos o al sistema actual.

Esta falta de credibilidad se alimenta en la sensación y observación de la realidad, en cuanto a que cualquier cosa que se prometa o se ofrezca no se hace y por lo tanto no tendrá un efecto real. Se dice que hay que mejorar la educación, reducir la pobreza, la delincuencia, mejorar la salud, mejorar la inversión en infraestructura, etc. y esto o no se hace o se hace ineficientemente.

A los jóvenes se les dice que deben prepararse para ejercer la dirección de la sociedad, pero no se les dan ni la educación, ni las herramientas ni los espacios para poder hacerlo.

Sin la participación de los jóvenes, se corre el peligro de una clara separación de intereses entre los grupos dirigentes y la nueva sociedad que emerge, la cual está compuesta por los jóvenes. Esta nueva sociedad podría derivar de propuestas populistas, ya que generalmente todo lo que se mira, todo lo que no permite el avance está malo y no sirve y se debe partir de cero.

Cuando Martin Luther King Jr. en una tarde en Washington en enero de 1963 en las gradas del Monumento a Lincoln decía: “Yo tengo un sueño”, estoy seguro que se refería a todos aquellos hombres y mujeres que son capaces de luchar y de alcanzar sus sueños sin importar la edad cronológica. No hay ni debe haber espacios que los jóvenes no puedan llenar y menos tratándose de la política.