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Viernes 21 Septiembre, 2007

El desafío del empleo profesional
Arturo Jofré

Veinticinco mil costarricenses salen cada año con un título universitario bajo el brazo en búsqueda de trabajo o de mejoramiento de su condición laboral. Este enorme contingente se enfrenta a un escenario inédito y no siempre benigno. En Uruguay, hace ya varias décadas, se acuñó la figura del “profesional taxista”, que es repetido en cada país cuando hay desempleo profesional. Hace algunos años Europa experimentó tasas de desempleo muy altas, a pesar de su crecimiento económico y su tasa de natalidad casi cero. Chile, con su alto crecimiento, recién en los últimos años ha podido bajar su tasa de desempleo a un dígito.
En muchos países desarrollados se asume que el empleo es una tarea social básica, por lo que hay una buena ayuda económica para el desempleado. Sin embargo, el desempleo tiene también un efecto psicológico y social enorme. Recientes estudios han mostrado una clara correlación entre el crecimiento del desempleo y de los crímenes violentos. En países que no pueden darse el lujo de tener “un buen colchón económico” para el desempleado, los efectos son peores.
Japón, uno de los pocos países donde el empleo ha sido un asunto de prioridad nacional, ha tenido que llegar dolorosamente a aceptar el downsizing en algunas de sus corporaciones.
El desempleo es un duende que siempre está al acecho y, si bien en Costa Rica no es tan alarmante, sabemos que la situación es difícil y es importante empezar a acercarnos más a este tema.
En primer término, una “sobreoferta” de profesionales calificados puede no ser perversa y puede transformarse en una forma de atraer empresas que ofrezcan buenos trabajos y compensaciones adecuadas. Por otra parte, hay que comprender que se trata de “empresas golondrinas”, es decir, pueden eventualmente moverse hacia otros países que ofrezcan mejores condiciones. El país debe desarrollar paralelamente acciones mucho más atrevidas y de mayor cobertura a nivel nacional para apoyar el desarrollo de nuevas empresas y aprovechar la capacidad emprendedora de los profesionales. Este es un tema que requiere un abordaje especial.
Por otra parte, apenas un 10% de los graduados universitarios son ingenieros, de los cuales la mitad se concentran en el área de computación. En la mayoría de las ingenierías existe una demanda insatisfecha. Aquí el país debe crear un incentivo que permita a jóvenes con vocación y pocos recursos, seguir carreras en el campo de las ingenierías. Una parte del fondo de CONAPE, con carácter de no devolutivo, lograría este propósito, además de establecer requisitos de calidad y pertinencia.
Finalmente, la situación actual presenta muchas oportunidades, pero también es mucho más exigente e imprecisa. Para los profesionales es importante dar un complemento a su formación, sea por medio de un postgrado, cursos de especialización o el dominio del inglés, ya que esto les abre nuevas puertas y los fortalece en un escenario de todas formas poco predecible.