Enviar
Miércoles 16 Noviembre, 2011

El comercio internacional de armas

El terrorismo y el crimen internacional han sustituido los conflictos interestatales como la amenaza fundamental para la seguridad global, y los peligros que enfrentamos evolucionan y se multiplican cada día.
Sin embargo, las formas de la violencia y las causas subyacentes que la provocan se mantienen inalterables. Existen en el planeta unos 875 millones de armas de fuego pequeñas en su mayoría en manos de civiles, una verdadera amenaza de “destrucción masiva” más letal que las armas nucleares.
El comercio de armas limita el desarrollo: la violencia armada y el conflicto provocan costos socio-económicos muy significativos destruyendo el capital humano, incrementando los gastos en seguridad y desviando recursos que de otra manera podrían ser invertidos en educación, servicios de salud y desarrollo social.
Según el Banco Mundial, en América Central el costo de la violencia equivale al 7,7% del PIB regional, con un promedio de homicidios 11 veces más alto que el promedio mundial, siendo una de las pocas regiones del mundo donde la tasa de homicidios está aumentando por causa de la violencia relacionada con armas de fuego.
Por ello resulta inconcebible que las transferencias de unos bienes cuyo propósito explícito es matar y provocar heridas, no tengan un marco regulatorio como el de cualquier otro sector del comercio internacional.
El mundo necesita un instrumento del derecho internacional público, un tratado sobre comercio de armas (TCA) que establezca normas y reglas comunes de cumplimiento obligatorio para todos los países, que regule todas las transferencias de armas convencionales desde el primer exportador hasta el usuario final. La Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano persigue ese objetivo desde 1997, y una iniciativa de esta naturaleza se discute ahora en la Organización de Naciones Unidas.

El TCA pretende ayudar a los países a evaluar las transferencias de armas impidiendo aquellas que socaven sus propios esfuerzos por reducir la pobreza y estimular el desarrollo sostenible, o que contribuyan con la violencia armada y el conflicto. Este instrumento, además, aspira a reducir las violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario.
En julio de este año, 21 inversionistas de varias partes del mundo, que representan colectivamente activos por valor de US$1.2 millones de millones, afirmaron que una regulación insuficiente de las transferencias de armas constituye un riesgo inaceptable para las inversiones y expresaron su apoyo a un TCA. Su llamado es otra evidencia de que la estabilidad política y económica a la que las gentes del mundo aspiran es un dividendo de la paz, no de la guerra.

Luis Alberto Cordero
Director ejecutivo, Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano
Facebook: Fundación Arias Costa Rica