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Miércoles, 20 de febrero de 2019



FORO DE LECTORES


El caso de la nueva Ley de Tránsito

| Lunes 13 diciembre, 2010


El caso de la nueva Ley de Tránsito

La Medicina Basada en Evidencia es la corriente metodológica que permite, a partir de una duda, seguir una secuencia de recolección, clasificación y evaluación de la información científica existente, con la intención de responder la inquietud inicial. Su auge ha sido tal, que hoy en día es considerada el estándar de oro para la toma de decisiones clínicas y científicas.
Su empleo en estrategias de salud pública ha sido considerado un acto de madurez política, a pesar de que no siempre es fácil encontrar estudios que contesten una pregunta específica o que sean carentes de diversos tipos de sesgos. Un buen ejemplo de amplia información disponible y un eventual campo de aplicación es aquel que vincula el consumo de licor y la conducción de vehículos con una serie de variables demográficas, con un importante aumento del riesgo de accidentes, y con el hecho de que medidas preventivas (represivas y educativas) son capaces de reducir la mortalidad por esta causa.
Por lo tanto, a la luz de la polémica producida por la nueva Ley de Tránsito, cabe preguntarse: ¿existe algún grupo de edades particularmente proclive a los accidentes de tránsito cuando se conduce bajo los efectos del alcohol?, ¿se ha descrito una asociación entre la concentración sanguínea de alcohol y el riesgo de accidentes?, ¿se han logrado descender estos riesgos con la aplicación de medidas restrictivas?
En una reciente evaluación sistemática de la literatura llevada a cabo por el Dr. Alvaro Ruiz de la Pontificia Universidad Javeriana en Colombia, se dan las respuestas. A saber:
• En menores de 30 años que han ingerido licor, se incrementa dramáticamente la posibilidad de un accidente de tránsito y de que en este ocurra una fatalidad. Lo anterior se explica por la menor experiencia en la conducción, la tendencia a adoptar mayores conductas de riesgo y la incapacidad para moderar el consumo de alcohol en ausencia de adicción.
• Los niveles de alcohol en sangre superiores a 0% incrementan el riesgo de accidentes de tránsito, y el mismo asciende de forma exponencial conforme lo hace la concentración sanguínea. De esta manera, la accidentalidad se incrementa de 6 a 17 veces con concentraciones plasmáticas de 0,05 mg/dl, de 11 a 52 veces en rangos superiores de 0,08 mg/dl y alcanza un máximo de 244 veces por encima de 0,15 mg/dl.
• En países donde se han instaurado medidas restrictivas de conducción bajo los efectos del alcohol, conforme se desciende en el rango tolerado, se reducen accidentes y mortalidad. Lo anterior es cierto incluso cuando se aplica la tolerancia cero, que implica niveles tan bajos como 0,02 mg/dl.
Toda esta información científica pone en entredicho que el límite permitido en la Ley de Tránsito vigente sea de 0,05 mg/dl; que exista un comodín adicional, conocido como pre-ebriedad, que tolera niveles entre ese rango y 0,075 mg/dl; y que no existan mayores restricciones en los grupos de edades más proclives a accidentarse.
La aplicación de la ciencia al servicio de las necesidades de la población es una práctica indispensable en la legislación nacional. Se trata de la utilización de argumentos objetivos y reproducibles una vez puestos en práctica. Esta es por lo tanto una excelente oportunidad para instaurar, consolidar y generalizar a otros ámbitos su empleo, superando así la tendencia de tomar decisiones sustentadas en puntos de vista personales, juicios de valor y presiones políticas.


Ricardo Millán González
Médico psiquiatra, profesor UCR