Un jueves de estos, fui invitada a un almuerzo en el Club Unión y no imaginé que fuera a encontrarme con el nivel de conversación, historia y experiencia, en el salón Juan Rafael Mora Porras.
De repente los nombres de los salones tomaron una dimensión distinta, como si de repente la historia estuviera sentada en la mesa.
Este almuerzo resultó ser la reunión semanal del GEAP, el Grupo de Estudios de Asuntos Públicos, fundado en 1994.
Nace como un grupo apolítico, que se reúne simplemente para almorzar (inicialmente en el Club Alemán, luego en el Club Unión) y tener discusiones sobre temas del país y del mundo. Treinta y dos años de existencia y hasta este momento yo me enteraba de que existía.
Uno de sus fundadores es don Juan Rafael Rodríguez Calvo, abogado, con carrera municipal y diputado en el período legislativo 1982-1986, en el gobierno de don Luis Alberto Monge, electo por la Coalición Unidad, que luego dio origen al Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).
Don Johnny, como le dicen de cariño, topó con una Asamblea Legislativa donde su fracción perdió poder, justo después de la crisis económica de inicios de los años ochenta. Lo que refleja hoy día su experiencia conversando sobre temas complejos desde la perspectiva de integración y beneficio mutuo.
Avanzando en el almuerzo, surge una de las voces femeninas fundadoras de la agrupación doña María Elena Pozuelo Pagés, periodista, diplomática y escritora; perteneciente a una generación de mujeres que construyeron trayectoria en un momento de transición institucional y cultural del país.
Doña Mari, topó con un contexto donde la participación femenina era limitada en espacios profesionales y públicos, sin embargo, esto no limitó, ni ha limitado su participación en la conversación cultural y pública del país.
Escuchando hablar a algunos de sus fundadores y a los otros asistentes, profesionales de distintas áreas, edades, visiones y pensamientos políticos, se entiende por qué el grupo ha sobrevivido más de tres décadas.
En medio de la conversación, doña María Elena mencionó que le llama particularmente la atención el estado de la capital, San José y su rol como principal carta de presentación del país.
Parte del problema que comentaba, es que la responsabilidad termina recayendo casi que de manera exclusiva en la Municipalidad de San José, cuando en realidad la ciudad capital es un asunto de interés nacional y de muchos más actores involucrados.
Desde el GEAP surgen ideas para repensar la ciudad, que resultan altamente interesantes y de reflexión. Se requiere mayor coordinación entre el sector público y privado, decisiones urbanísticas más coherentes y proyectos que devuelvan la vitalidad al centro.
Entre propuestas surgieron ideas sencillas pero poderosas, como sembrar árboles frutales, más flores, pintar las fachadas y acondicionar los edificios, generar espacios que inviten a caminar y a habitar la ciudad. Son decisiones pequeñas, que requieren de la iniciativa de que alguien las quiera hacer y que tienen la capacidad de cambiar la experiencia urbana.
Lo que más me llamó la atención de toda la conversación no fue una propuesta específica, fue el espíritu del grupo: un espacio donde ciudadanos de distintas trayectorias, visiones y experiencias se reúnen sin color político, con respeto y curiosidad intelectual, simplemente para pensar el país y la posibilidad de contribuir desde el lugar que cada uno ocupa y desde el que puede generar impacto.
En tiempos donde a veces parece que el ruido suele dominar la discusión pública, descubrir que existen mesas donde aún se conversa con calma, escucha, respeto y criterio, resulta refrescante.
A veces, los lugares donde se piensa y se construye el futuro, están en un almuerzo de jueves.





































