Desde hace aproximadamente una década y media, los datos muestran que, mientras la política energética nacional predica la finalización del uso del petróleo en el país, el consumo de los caros derivados de petróleo importados ha venido creciendo más rápidamente que las energías renovables nacionales, lo que ha venido aumentando continuamente su dependencia y participación en el abastecimiento y consumo de energía del país, las cuales ya están cercanas a llegar al 70%.
Esta tendencia se ha venido dando porque esta política no ha estado funcionando ya que no solamente no ha logrado los objetivos fundamentales que se proponen, sino que más bien está ocurriendo totalmente lo contrario a lo que pretende lograr.
Esto sucede en gran medida por los dogmas y omisiones que contiene y por las carencias de capacidades y de realismo que una política energética debe tener.
Entre muchas otras cosas, y contrario a lo que ocurre en la mayoría de los países del mundo, la política energética del país fomenta la importación masiva de estas fuentes de energía (principalmente petróleo en la forma de derivados) por las omisiones que tiene y simultáneamente impide la producción nacional de fuentes no renovables de energía.
La solución a este grave problema es un cambio en la política energética que se ha venido implementando desde hace años y que no ha estado funcionando. Este cambio no requiere de una nueva ley ya que puede ser llevado a cabo dentro del marco legal actual.
1. Las importaciones petroleras han venido creciendo mucho más rápido que las fuentes nacionales
Los datos de los balances anuales de energía del país muestran que a través de los años se ha venido dando una disminución de la participación de las fuentes nacionales renovables de energía en la matriz energética (el mix de fuentes de energía que consume el país) y un aumento continuo de la participación de las fuentes no renovables de energía importadas (básicamente derivados de petróleo), lo que aumenta los costos, la dependencia externa, la seguridad energética y la vulnerabilidad energética y económica del país.
De esta manera, la política energética, por acción y omisión, ha venido empobreciendo energéticamente ya que la participación de las fuentes nacionales de energía es cada vez menor, no por razones de disponibilidad energética nacional ya que el potencial energético que se ha identificado en el territorio nacional es grande, sino por las acciones y las omisiones que se derivan de los dogmas contenidos en la política energética que se ha seguido durante años.
La serie anual de balances nacionales de energía con respecto a la participación de las fuentes de energía en la matriz energética del país muestran los siguientes datos para el período 2010-2023 (último balance disponible en este momento):
- 2010. La participación de la energía producida en el país (renovables) fue del 39,5% y la de la energía no renovable importada (fundamentalmente petróleo) fue del 60,5%.
- 2023 (último balance energético disponible actualmente). La participación de las energías renovables fue del 30,7% y la de la energía no renovable importada (fundamentalmente petróleo) fue del 69,3%.
Lo que se ha venido dando a través de los años con el aumento continuo de la creciente dependencia del petróleo importado es una “transición en reversa” y un reforzamiento del viejo sistema energético en lugar de cambiarlo.
Como lo he señalado anteriormente, esta situación se ha venido dando porque el consumo nacional de los caros derivados de petróleo importados y sus emisiones al ambiente han venido creciendo mucho más rápido que las fuentes renovables nacionales, a pesar de que la política energética de escritorio e ineficaz busca lo contrario.
Esto genera adicionalmente un aumento continuo de la pobreza energética nacional creado artificialmente por los dogmas, siendo Costa Rica un país energéticamente rico y diverso por los recursos energéticos que tiene.
Mientras que en el mundo la energía producida localmente se está priorizando sobre las importaciones energéticas, los datos muestran que en Costa Rica la política energética ha venido provocando lo contrario.
Además de ser mucho más barata, la energía nacional es más difícil que sea alterada (en precios, en seguridad de suministro, etc.) por eventos externos fuera de nuestro control y genera adicionalmente una gran riqueza nacional, por lo que el abastecimiento de energía producido localmente está surgiendo en el mundo como un objetivo estratégico nacional superior.
A diferencia de lo que está sucediendo aquí, en el mundo se tiene claro que la producción de energía de origen nacional es una prioridad estratégica.
Entre otras cosas, la política energética nacional se enfoca en lo siguiente:
- Producir fuentes renovables nacionales de energía, las cuales han venido reduciendo su participación en la matriz energética del país, como muestran los datos anteriores, lo cual crea un aumento continuo del déficit energético del país.
- Importar masivamente las crecientes necesidades del país de fuentes no renovables de energía (particularmente petróleo) para subsanar el creciente déficit energético nacional artificialmente creado, lo cual aumenta los costos nacionales de la energía y la vulnerabilidad energética y económica del país y traslada la gran generación de riqueza que la producción de energía genera a los países donde se producen estas fuentes (lo cual empobrece al país).
- Bloquear, por acción y omisión, la eventual producción de fuentes no renovables de energía en el territorio nacional, donde los estudios y las exploraciones realizadas en el pasado identificaron un importante potencial nacional en varias zonas del país.
2. Énfasis de las políticas energéticas en el mundo y en Costa Rica
Las políticas energéticas de la gran mayoría de los países del mundo tienen énfasis en la producción nacional de energía con un enfoque simultáneo en los siguientes tres objetivos fundamentales siguientes del desarrollo energético:
- Competitividad energética: satisfacer la demanda con costos bajos y competitivos a nivel internacional para potenciar el crecimiento económico y el progreso social.
- Seguridad energética: satisfacer la demanda energética actual y futura con alta seguridad de suministro y tener la capacidad para resistir y responder a los choques del sistema energético.
- Sostenibilidad ambiental: mitigar la degradación ambiental y los impactos en el cambio climático.
La evidencia en el mundo muestra que, para lograr un desarrollo energético exitoso, los países buscan equilibrar y balancear en el tiempo y de manera simultánea las acciones y los resultados en los tres objetivos críticos anteriores.
Como no hay ninguna fuente de energía que por sí sola sea suficiente, los países buscan igualmente desarrollar un conjunto o mix de fuentes de energía lo más diversificado posible y evolutivo de varias fuentes de energía que sea balanceado en sus acciones, objetivos y resultados fundamentales (bajo costo, alta seguridad energética y bajas emisiones al ambiente).
En Costa Rica el énfasis del desarrollo energético se enfoca en uno de los ejes anteriores, tal como lo señala el Plan Estratégico Sectorial de Ambiente y Energía, el cual señala lo siguiente:
- Objetivo del sector energía: “Contribuir a la descarbonización de la economía mediante el uso de energías limpias”.
No solamente desde hace muchos años se ha venido dando en el país un fuerte desbalance con respecto a los otros dos objetivos fundamentales de una política energética exitosa (costos bajos y seguridad energética), sino que, además, a pesar de este desbalance, el objetico ambiental anterior no se está cumpliendo tampoco y más bien se está agravando.
Las emisiones de gases de efecto invernadero del sector energía han venido creciendo aceleradamente generadas por el rápido crecimiento del consumo nacional de los caros derivados de petróleo importados, el cual crece, como se señaló antes, más rápidamente que el consumo de las fuentes nacionales renovables de energía.
En lugar de estarse descabonizando, como lo ha venido señalando la política energética de escritorio durante años, el país se ha venido carbonizando cada vez más con el alto y creciente consumo del caro petróleo importado en la forma de derivados que genera altas y crecientes emisiones de gases de efecto invernadero y en su mayoría dióxido de carbono.
3. La política energética nacional ha venido induciendo que el país aumente continuamente su participación en los mercados internacionales de la energía como importador y no como exportador.
La política energética nacional ha venido provocando, por acción y omisión, que el país participe cada vez más en los mercados internacionales de la energía como importador y no como exportador.
La decisión estratégica de dejar que Costa Rica participe cada vez más como importador de energía en el mercado petrolero internacional para satisfacer casi el 70% de su abastecimiento energético, y con una tendencia creciente que en el futuro va a aumentar más este porcentaje, no le trae ningún beneficio al país.
Como lo he señalado en columnas pasadas, los mercados energéticos mundiales (incluyendo los de gas natural), que están experimentando un alto crecimiento, son altamente lucrativos y rentables para los exportadores, tienen una escala masiva, generan billones de dólares por año en ingresos y ganancias para los países y empresas que abastecen esos mercados.
Como resultado de lo anterior, los países que producen y exportan energía (incluyendo gas natural) reducen significativamente los costos nacionales de la energía, aumentan fuertemente su seguridad energética, potencian su competitividad energética y generan una enorme riqueza nacional que fortalece su desarrollo económico y su bienestar social.
Por el contrario, para los países importadores de energía, las consecuencias negativas de importar energía de estos mercados internacionales incluyen altas vulnerabilidades económicas, una alta volatilidad de los precios de la energía, altos riesgos de interrupciones potenciales en la cadena de suministro debido a conflictos internacionales y otros eventos geopolíticos, una transferencia masiva de recursos al exterior que mucha falta hacen en los países importadores y una menor autonomía geopolítica y económica.
De esta forma, los países que importan masivamente energía de los mercados internacionales pagan un alto precio, reducen su seguridad energética y transfieren intensivamente recursos a los países exportadores, lo que debilita su desarrollo y su bienestar.
En el caso de Costa Rica, la política energética que se ha venido implementando durante años, con sus dogmas sin sustento técnico y económico, ha venido simultáneamente favoreciendo la importación de energía no renovable (particularmente los caros derivados de petróleo) para abastecer su creciente consumo energético nacional y bloqueando el desarrollo de una parte importante del potencial energético nacional que permitiría ir sustituyendo esas importaciones.
Uno de estos bloqueos se da con el potencial nacional de gas natural, cuyo consumo y desarrollo en el mundo está creciendo aceleradamente, como parte de la transición energética, para sustituir los derivados de petróleo en muchos sectores económicos y sociales, porque es mucho más barato, genera mucho menos emisiones y crea una mayor seguridad energética.
4. La producción nacional de energía debiera ser prioritaria en el país en lugar de las crecientes importaciones petroleras
La energía es fundamental para un país y su sociedad, ya que es el motor fundamental de la prosperidad económica, el bienestar social y la seguridad nacional. Impulsa la infraestructura de todo tipo, la producción y los servicios esenciales que definen la vida moderna.
La dependencia energética del exterior, y petrolera en particular, es perjudicial para el país por varias razones, entre las cuales se encuentra la inestabilidad y vulnerabilidad económica y social, los altos costos, la volatilidad de los precios, los riesgos para la seguridad suministro y la limitada autonomía en política exterior.
La alta dependencia de la energía importada, y particularmente del petróleo, expone la economía del país a una alta volatilidad de precios. Los aumentos repentinos en el precio internacional del petróleo provocan inflación, reducción del crecimiento económico, mayores costos para las empresas y los consumidores y una posible recesión económica (como ya ha ocurrido en el pasado).
Los fondos gastados en importaciones de energía representan un gran drenaje de recursos nacionales que no pueden invertirse en el país (en empresas, infraestructura vial, de salud y educativa, programas sociales nacionales, lucha contra la pobreza, etc.), lo que obstaculiza el desarrollo económico y el progreso social.
La dependencia de fuentes de energía extranjeras hace que el país sea vulnerable a interrupciones del suministro causadas por conflictos geopolíticos, desastres naturales o fallas técnicas en los países productores o rutas de tránsito.
Un país con una alta dependencia energética del exterior se vuelve económicamente muy vulnerable y débil y podría enfrentar graves dificultades económicas y sociales si un país exportador o un grupo de naciones le impone un embargo energético o sanciones.
La falta de producción interna de suficiente energía deja al país con menos opciones en tiempos de crisis y limita su capacidad de desarrollo.
En esencia, la dependencia energética del exterior puede crear vulnerabilidades significativas que socavan la resiliencia económica, la capacidad para desarrollarse, el atractivo para fomentar robustamente la inversión externa e interna que potencia el desarrollo y la seguridad nacional.
Por todas estas razones, y otras, y contrario a que está sucediendo aquí, en el mundo se tiene claro que la energía de origen nacional es más difícil que sea alterada (en costos, en precios, en seguridad de suministro, etc.) por eventos externos, por lo que el abastecimiento local de energía está surgiendo como un objetivo nacional clave.
5. Comentarios finales
La creciente importación de energía del país, el aumento continuo de la dependencia petrolera, la poca diversificación de las fuentes que abastecen de energía al país y las restricciones y limitaciones impuestas al desarrollo energético nacional han venido poniendo al sector energético, y al país, en una situación de gran desventaja con respecto a los sistemas energéticos que abastecen las economías con las que competimos en el mundo, lo cual crea una gran desventaja competitiva y un importante obstáculo al desarrollo nacional.
Esta situación genera costos más elevados, emisiones al ambiente que aumentan continuamente y seguridad energética en declive y adicionalmente crea un impedimento a la generación de una mayor riqueza nacional a través del desarrollo energético.
La solución a la problemática expuesta en esta columna se encuentra en un cambio en la política energética que se ha venido implementando desde hace unos quince años y no requiere de nuevas leyes ya que el marco legal actual permite varias opciones de solución.
En los países con políticas energéticas exitosas, las partes legítimamente interesadas (“stakeholders”) en el suministro y el consumo nacional se involucran, proponen y participan activamente para que el país tenga una política energética exitosa cuyos resultados impulsen el desarrollo económico y el progreso social y mejoren la calidad de vida de los habitantes.
Estas partes interesadas incluyen a los consumidores individuales y empresariales.
Ante esta peligrosa y desventajosa situación en continuo deterioro por la creciente dependencia de los caros derivados de petróleo importados, que además tienen precios internacionales muy volátiles con grandes variaciones, un aspecto que llama la atención en Costa Rica es que no se nota que los consumidores nacionales (individuales y empresariales) busquen incidir para que se reviertan estas tendencias negativas creadas por una matriz energética desventajosa excesivamente basada en las importaciones crecientes de derivados de petróleo.





































