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Domingo, 29 de noviembre de 2020



COLUMNISTAS


El día después de la Crisis

Carlos Camacho [email protected] | Martes 07 abril, 2020


La Aventura del Poseidón, una película lanzada en el año 1972, tenía un tema musical que es apropiado recordar y en él basaré el argumento de las necesidades que estaré explorando en este artículo.

La letra de la canción, muy esperanzadora en una trágica película era “…Yo sé que siempre habrá un mañana”. Este marco escenográfico nos hace preguntarnos ¿Cómo será ese día después?

El día después ha existido siempre y en consecuencia a la continuidad de la historia de la humanidad, la pregunta quizá entonces sería ¿cómo será ese día?

Es parte de una de las ocupaciones principales que debemos abordar en las diversas áreas de nuestra vida y uno de los aspectos más retadores que grandes eventos, como el que vivimos debido al Covid-19, hacen plantearnos con particular énfasis.

Las grandes guerras, los actos terroristas del inicio de este siglo, los cambios en las estructuras de poder y muchos otros eventos que podemos denominar traumáticos, son denominador común de la necesidad, de un planteamiento más serio de esta pregunta.

Tenemos que plantearnos esta pregunta cada uno de nosotros como individuos, empresarios, profesionales, trabajadores independientes y un plural de actores que componemos el tejido social y económico del mundo.

Definitivamente debemos entender que el balance temprano de esta pandemia es la destrucción de una serie de empresas en particular pequeñas y medianas, dispersas en un abanico de sectores interconectados entre sí, que hacen que las afectaciones lleguen de forma indirecta a otras actividades que a primera vista no serían afectadas, por lo menos no de forma evidente. Esto no menosprecia ni desconoce graves afectaciones en grandes corporativos también.

A estos efectos vamos a tomar dos sectores como ejemplo, que nos ayuden a comprender la inevitable interrelación e indudable condición de dependencia que tenemos los agentes económicos.

El sector turismo ha sido afectado de una forma devastadora; al punto que, siendo que ha ocurrido la pandemia en medio de la temporada alta de Costa Rica, la pregunta que debe plantearse no solo quien es trabajador independiente en el sector, sino quien trabaja para empresas en esta actividad y por supuesto, las empresas y los empresarios de este sector, es no solo ¿cuándo? Si no, ¿cómo será el proceso de reinserción a la vuelta del día después?

Las noches de hotel no ocupadas, los desayunos, almuerzos y cenas no vendidos, no se venderán nunca más.

A la vez quizá lo más retador es, en nuestra práctica con empresas y empresarios ya lo está siendo, ¿a qué mercado retornaran?

Siendo que la actividad de turismo es una actividad que, en las prioridades presupuestarias de las personas, ocupa un lugar que compite con prioridades básicas, y a la vez, requiere de un ambiente de confianza en las condiciones para viajar, el turista que primero despertará será el que atiende necesidades de negocios y no necesariamente de orden recreacional.

Este reto plantea, a quienes estén en este sector y pervivan, una obligada redefinición de estrategias de atracción, precios, restablecimiento de personal y una amplia gama de aspectos que no se liberan como si a la película simplemente se le da continuar después de una pausa.

Los sectores de abarrotes y salud han experimentado un crecimiento manifiesto en esta época de pandemia. Esto parece ser una cómoda mecedora, en la cual encontrarse en el péndulo de la economía, sin embargo, la pregunta para ellos es distinta e igualmente retadora…

¿Están preparados para atender la demanda incremental hasta la cresta de la ola? ¿Han definido qué harán con el efecto que causa la abundancia de pan para hoy, que puede ser hambre para mañana? ¿Están estos negocios preparados para no morir de éxito?

Administrar el éxito tanto como la crisis es un difícil arte de gestión excepcional. Deben tomarse muchas decisiones, deben medirse muy bien las consecuencias y costos monetarios y estratégicos de las mismas.

Deben valorarse de manera sopesada estas decisiones para evitar cortar en las empresas funciones y colaboradores que sean vitales e irreparables en el reinicio y la reinvención.

Hacer esto solo como empresa o empresario, no es labor sencilla y se recomienda la asistencia especializada para poder dar objetividad a decisiones que pueden estar influidas por las emociones y, peor aún, por las subjetividades inherentes a la cercanía de su empresa.

Usted y yo podemos estar o no, en uno de estos sectores, lo que es cierto es que, de una manera directa o indirecta, dependemos de ellos; como usuarios o como proveedores. Eso nos hace participes de alguna forma del fenómeno que apenas se enuncia en estos dos sectores a modo de mera ilustración.

Estemos o no en alguno de los extremos de este abanico sectorial, la pregunta es si estamos unos y otros trabajando ya, en la estrategia de reinserción de cara el final de la crisis sanitaria, cuando quiera que esto ocurra. O, si, por el contrario, estamos esperando expectantes el anuncio que ya podemos salir de nuestra condición de confinamiento – por distanciamiento social profiláctico – para ir a nuestras labores como de costumbre.

¿Irán nuestras labores a encontrarse, como de costumbre, cuando retornemos a nuestros lugares de trabajo? Estaremos en un nuevo entorno, tanto mediato como inmediato, que puede ser desconocido o desconcertante. Indescifrable, pues lo que siempre había funcionado y puede que este cambio, temporal o permanente, haga que lo que fue bueno antes pueda llegar a dejar de funcionar. ¿Estamos preparados para esa posibilidad?

Habremos aprendido nuevas formas de llevar a cabo nuestras labores, especialmente en el ámbito de las actividades teletrabajables, que nos dan la oportunidad de plantearnos eventualmente profundos cambios, que, si bien pueden acarrearnos externalidades positivas para nuestras vidas – en la calidad de estas – implican cambios en la gestión de las relaciones de nuestras formas de hacer negocios.

Lo aprendido puede ser muy provechoso para modificar la forma en que veníamos tradicionalmente haciendo negocios y relacionándonos como personas.

Charles Darwin lo planteaba desde el siglo XIX: No será el más fuerte quien sobreviva, sino aquel que logre adaptarse al cambio.

El cambio introducido por Covid-19 es uno que ha venido para quedarse. Ha replanteado los fundamentos de las valoraciones que hacen las personas, esto cambia los hábitos de consumo del individuo, del conjunto social y, por tanto, recompone la demanda por bienes y servicios.

Debemos tenerlo mapeado y debemos tener generadas estrategias, en diversidad de escenarios posibles, ya que aún no contamos con toda la información, lo que hace necesaria la gestión del riesgo de cara a la vuelta a circular.

Esos cambios puede que nos hagan salir de aquellos usos y costumbres, de hábitos de consumo que se verán seriamente amenazados próximamente. Debemos ya estar gestionado nuestra adaptación para entrar y fortalecernos en aquellos sectores en los que los cambios en las necesidades manifiestas y latentes de los consumidores vayan a favorecer un clima de oportunidades.

Hoy el planteamiento de las medidas que han hecho las autoridades de Gobierno es encomiable en su velocidad, oportunidad y diversidad. Creo que se quedan cortas en el dimensionamiento de los plazos.

La salud afecta a la economía de una manera directa e inmediata. La desaparición de las amenazas de salud no afecta a la misma velocidad la recuperación de las actividades económicas. Hay un factor tiempo, duración, y reevaluación de lo ya legislado para que sea boyante. Las normas contra cíclicas no se mueven a la misma velocidad. El que pare la pandemia, no hace que la economía del día después se levante con sol radiante a producir lo mismo, en el mismo modo, en iguales cantidades y con igual cantidad de consumidores efectivos.

En el camino hay quien, habiendo tenido capacidades y usos de consumo que nos beneficiaban, simplemente deba afrontar la realidad de haber tenido que acumular obligaciones, perdido el empleo, su empresa o emprendimiento, o peor aún a un ser querido que influía en esos hábitos de consumo.

Les invito a no limitar su análisis al entorno local. Veamos que hoy somos una gran sociedad, de marcados matices y que, así como no estamos solos en Covid-19, tampoco lo estaremos en el proceso de interrelación en la dura lucha por la supervivencia económica.

Todos los agentes económicos debemos estar conscientes que el momento para plantearse la estrategia del día después ya para hoy es tardío.

Hay muchos que empezaron a pensar, diseñar, actuar e inclusive a invertir en función de la anticipación de los cambios que de manera indudable dejarán como huella, el nuevo orden post-Covid-19.

Esto no solo es así en nuestro país sino en el mundo entero.

Estamos tan globalizados y somos tan planos en la distribución de los males y tan redondos en la privatización de las oportunidades, que éstas están reservadas para quien haya empezado a actuar ya.

Aunque es tiempo de ser racional en el uso de los recursos y es tiempo de ahorrar, no lo es para escatimar inversión en resolver los grandes retos que nos plantea el día después, al que nos enfrentaremos los que tengamos la fortuna de superar la pandemia, que seremos la gran mayoría.

Esta gran catástrofe nos plantea a todos los agentes económicos el gran reto de responder si en efecto contábamos con un buen plan de continuidad de negocios, o si, por el contrario, faltaban aristas a considerar en el mismo, con la relevancia vital de la pérdida de colaboradores clave de manera temporal o permanente resultado de esta pandemia.

La pérdida de las cabezas mismas de las organizaciones, en especial de los líderes y propietarios del negocio.

¿Qué habría pasado si usted, dueño de empresa o grupo económico, hubiese contraído esta pandemia y muerto a consecuencia de ella? ¿Estaba su organización y su patrimonio adecuadamente ordenado para atender esta contingencia?

No volveremos al mismo mundo. Se han develado vulnerabilidades insospechadas. Debemos estar preparándonos para la gestión del día después. Eso no es un modelo de talla única, por el contrario, es algo que se debe confeccionar para cada uno, como un traje hecho a la medida.

Nosotros en Grupo Camacho Internacional, quizá una de las betas de negocio menos conocidas opacada en el brillo de su calidad por nuestro liderazgo como asesores fiscales, tenemos muchísimos años haciendo esta gestión de modelación de negocios, gestión de riesgo, manejo de sucesión empresarial y personal. Porque, por cierto, la única manera sensata de diseñar su estrategia fiscal es teniéndola acorde a su modelo de negocios y la adecuación de éstos a la realidad integral de la economía local y global.

No se quede para el día después para iniciar. Ese día los ganadores estarán trabajando en el mañana de ellos y el suyo puede parecer un trasnochado ayer. Durante el proceso de distanciamiento social debemos aprovechar todos los medios para no quedarnos en la posición de seguidores. Si es que queremos ser líderes no podemos quedarnos en la inacción de los perdedores. Si queremos ser ganadores, o al menos sobrevivientes en ese retador nuevo orden económico, debemos actuar hoy.


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