Dinero vuelve a ser motor de economías para banqueros centrales
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 El mes pasado se cumplieron diez años del día en que la Reserva Federal de los Estados Unidos dejó de publicar una medición de la masa monetaria que antes era clave.
La llamada M3 se desechó, lo que tal vez marcó el fin de una era en la que se pensaba que el dinero era lo que hacía funcionar la economía mundial.


En la década de 1970 y hasta en los años 80, figuras como el presidente de la Fed Paul Volcker y la primera ministra británica Margaret Thatcher apuntaban a las incorporaciones monetarias en su intento de controlar la inflación.
Luego las autoridades se concentraron en las tasas de interés y favorecieron los objetivos de inflación, lo que se mantiene en nuestros días a pesar de que hay quienes consideran que eso permitió la reciente crisis financiera.
Entre las razones por las cuales la masa monetaria pasó de moda se contaban las dudas respecto de lo que indicaban en términos de crecimiento económico o de inflación, la dificultad de su seguimiento en momentos de innovación financiera, además de la sospecha de que probablemente fuera mejor monitorear el crédito. Ahora economistas de Standard Chartered sugieren que es hora de reanimar el dinero como indicador y se concentran en una sola medición bautizada en homenaje al extinto economista francés François Divisia.
En lugar de limitarse a sumar diferentes formas de dinero, Divisia evalúa cada una según su relación con la tradicional definición del dinero, como la facilidad y conveniencia de uso o la confiabilidad como almacenamiento de valor.
Se da así al dinero un peso mayor que el de un depósito temporal.
Los economistas Enam Ahmed, Samantha Amerasinghe y Chidu Narayanan crearon su propia medición de lo que en un estudio de marzo llamaron un “indicador olvidado”.
Determinaron que el crecimiento de 4% tiende a corresponder a una expansión lenta del PIB, mientras que todo lo superior a 7% apuntaba a un recalentamiento en las economías desarrolladas.
En un plano global, el índice agregado de Standard Chartered para seis regiones, entre ellas China, se aceleró el año pasado, si bien sigue siendo más lento que antes de la crisis financiera de 2008, lo que respalda la opinión de los economistas de que el crecimiento global seguirá siendo decepcionante y que hace falta más estímulo monetario.
La descomposición de los datos por compañías resulta más revelador. La medición china mostró en 2015 el ritmo más rápido en tres años, lo que justifica el pronóstico de Standard Chartered de un crecimiento económico de 6,8% para este año, lo cual supera el 6,5% de la mediana de las estimaciones de economistas que consultó Bloomberg.


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