Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 29 Diciembre, 2011


De cal y de arena
Día de Inocentes… o de domesticados

Pareciera un libreto escrito para el Día de los Inocentes cuyo tema central son las graves pifias que se acumulan en la gestión de las dependencias del Estado costarricense y respecto a las cuales ni hay responsables ni nadie rinde cuentas por la gracia de que ninguna autoridad política superior las exige y de que en este país la exasperación por tanta ineptitud —y descaro también— no llega a imponer renuncias. De la crisis en las finanzas y en los servicios de la Caja de Seguro Social, salvo Eduardo Doryan, ninguno de los figurones que se enquistaron en el directorio o en las gerencias de la Caja ha sido exhibido (aunque fuese para escarmiento nada más) por la desastrosa gestión que tiene cerca de un colapso a esta “extraordinaria construcción social”, como la llamó la misión de la Organización Panamericana de la Salud. En lo de Isla Calero, los errores hicieron que se “embargara” la soberanía costarricense y que hoy esa franja sea un territorio en disputa cuya suerte está en manos de la Corte Internacional de Justicia. Sin embargo, los autores principales de la afrenta gozan de la dispensa presidencial. ¿Quién ha respondido por los nefastos términos de la concesión para reconstruir y gestionar el Aeropuerto Juan Santamaría?. ¿Y por los del caso de la Ruta 27 y los de la carretera Bernardo Soto, los de la platina y los de la concesión en Caldera?
¿A cuáles jerarcas de JAPDEVA se les ha llamado a rendir cuentas por los privilegios que otorgaron a los gremios que operan los muelles? Se incendiaron bodegas y archivos de la Comisión Nacional de Emergencias; se pagaron millones por la limpieza de carreteras a causa de un error en la unidad de medida del trabajo; ARESEP se embarca en un faraónico arriendo de inmuebles cuyo costo se ha de cargar a los usuarios de los servicios públicos que tutela; RECOPE sobrecarga los precios de los combustibles y acumula excedentes por ¢60 mil millones aunque sus instalaciones sufren grandes falencias; el INVU compra una finca con un guindo que la descalifica para alojar un proyecto de vivienda social; el aumento de la carga tributaria para abatir el déficit fiscal ha quedado reducido a una serenata para sordas por causa de las concesiones hechas por ciertos personajes; la Ministra de Comercio Exterior se explaya en sabotear parte importante del Plan Fiscal; el MAG se solaza con las exportaciones de lácteos a Centroamérica sin ocuparse de la verdad verdadera que hay de por medio; muy cerca del Día de los Inocentes el Banco Nacional de Costa Rica trata de diluir con una desconfiable interpretación las secuelas de la gigantesca estafa en un crédito inmobiliario de que ha sido víctima; la Contralora General de la República dice que la corrupción no es tan grave como lo marca la percepción popular… De pronto aparece Ricardo La Volpe, se da cuenta de cómo son las cosas en Costa Rica y hace que su total fracaso no le va impida hacer mesa gallega. Aquí nadie renuncia ni rinde cuentas. Es un país de inocentes o de domesticados.

Alvaro Madrigal