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Desigualdad cosecha violencia

La represión policial de la protesta organizada el miércoles en Chile por la Central Unitaria de Trabajadores dejó como saldo más de 700 detenidos y 50 heridos.
Chile ha sido señalado desde hace varios años como ejemplo de éxito económico. El Producto Interno Bruto de la nación suramericana registró un crecimiento del 6,1% en el segundo trimestre fiscal del año, impulsado por la escalada en los precios internacionales del cobre, una de sus principales materias de exportación.
A pesar del triunfo de las políticas económicas en el aseguramiento del crecimiento del país, el descontento popular se extiende en Chile, como evidenció la manifestación en contra de la desigualdad.
La convocatoria a la marcha se produjo en momentos en que incluso la Iglesia católica de Chile lanzó la idea de un “salario ético” ante el mínimo aumento que la CUT se negó a admitir.
Este salario mínimo, acordado en negociaciones exclusivas entre el gobierno y el empresariado, recientemente pasó de 135 mil pesos (unos $260) a 144 mil, unos $17 más, según informó la agencia de noticias EFE.
En Chile, la renta per cápita alcanzó en 2006 los $12.983 (medidos en paridad de poder adquisitivo), que comparada con el salario mínimo, da idea de la mala distribución del ingreso.
El país ocupa uno de los 15 últimos puestos del mundo en igualdad económica, según el Informe de Desarrollo Humano de la Organización de Naciones Unidas.
La clara evidencia de los peligros que encierra el ensanchamiento de la brecha entre quienes ostentan mayor ingreso y quienes son menos favorecidos no puede ser ignorada en un país como Costa Rica, que se ha preciado de la existencia de la clase media como elemento diferenciador de su sociedad en la región.
Cuando el éxito macroeconómico no logra reflejarse en el plano social, a través de los mecanismos tributarios y de solidaridad como el Seguro Social, el descontento y el resentimiento entre compatriotas surgen más pronto que tarde.
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