Desarrollo en 4 años: Imposible
Es imposible gobernar a punta de buena fe y menos con desconocimiento y con dubitación política en las metas
Es imposible gobernar a punta de buena fe y menos con desconocimiento y con dubitación política en las metas
El desconocimiento, la falta de estudio y la poca profundidad, así como la carencia de análisis, son la madre de todas las dudas de los políticos deficientes, que en la teoría y en la práctica demuestran desconocimiento del funcionamiento del Estado, así como carencia de objetivos y metas con visión de futuro, para ellos planificación es una mala palabra.
La toma de decisiones se transforma en un devenir de indecisiones, temores y ocurrencias, que terminan siendo el gran fundamento de la inoperancia política percibida por el ciudadano.
Los partidos políticos nacionales viven inestabilidad en su proyecto de oferta país. En campaña electoral cumplen con la presentación de un “programa” de gobierno como requisito publicitario, en muchas ocasiones lleno de ocurrencias y con capítulos “parches”, unidos a la fuerza.
Es prácticamente el último eslabón que dan a los medios de comunicación para justificar la “intelectualidad” del partido y del candidato, para fingir que estos clubes electorales piensan.
La “torta” será del partido que gana, que deberá correr en los primeros seis meses de gobierno a confeccionar un “plan” nacional de desarrollo. El cual, si acaso es coincidente en temas generales y en áreas comunes con el programa de gobierno que divulgaron en campaña. Con alevosía establecen las metas en porcentajes poco ambiciosos, que se lograrían por “default” en nuestra administración pública. Cifras mínimas —espejo de mediocres aspiraciones— pero necesarias para que en la evaluación final del gobierno coincidan resultados y propuestas.
El nombre: Plan Nacional de Desarrollo, es lo más ostentoso de todo. Es sabido que las políticas de corto plazo son aquellas establecidas a dos años; las de mediano plazo requieren al menos cuatro, un periodo presidencial.
En nuestro caso el plan nacional de “desarrollo” se presenta tarde, a los seis meses de gestión. Es bien sabido que ningún país se desarrolla ni en un corto ni en un mediano plazo; que en ocho años —largo plazo— apenas se empiezan a ver los primeros resultados de algo planificado. Así que llamar a un plan de 3,5 años con el adjetivo desarrollo, es un chiste de mal gusto muy acostumbrado en políticos poco serios.
¿Cuál de los gobiernos ha cumplido con la totalidad de su Plan Nacional de Desarrollo desde que se puso de moda? Ninguno. Un instrumento necesario y obligatorio para la planificación y el ejercicio del poder, requiere la continuidad por varios gobiernos, aun cuando se sucedan partidos diferentes en el Poder Ejecutivo.
La palabra desarrollo es hoy una muletilla del discurso politiquero, cuando debería ser concepto fundamental de inspiración para un estadista.
Un ejemplo es la idea de gobernar sectorialmente, que es fundamental para un país que clama al cielo por la gobernabilidad. Sin embargo, se siguen cometiendo errores fundamentales en su definición e implementación, más cuando se dicta un Plan Nacional de Desarrollo obviando lo que establecen la Constitución Política y la Ley General de la Administración Pública. Es imposible gobernar a punta de buena fe y menos con desconocimiento y con dubitación política en las metas.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo