Democracia cara, cuidémosla
Podríamos caer en lo que advirtió Montesquieu cuando dijo: “La descomposición de todo gobierno comienza con la decade...
Podríamos caer en lo que advirtió Montesquieu cuando dijo: “La descomposición de todo gobierno comienza con la decadencia de los principios sobre los cuales fue fundado”
Pasada la votación de primera ronda —el pasado 3 de febrero— escuché comentarios irresponsables de ciudadanos que decían que la segunda ronda no debía realizarse porque representa un costo muy alto en las finanzas del país.
De igual manera leí declaraciones de allegados a uno de los dos candidatos “clasificados” que le proponían que se retirara del escenario venidero del próximo 6 de abril, se atrevían a definir esa posible e irresponsable acción como un acto “heroico”.
He de decirles a los que así piensan que la democracia es cara, muy cara, no solamente porque obliga a procesos electorales onerosos para tomar decisiones —elecciones, referéndums, plebiscitos— sino porque también exige un sistema político y administrativo bien estructurado y transparente para poder gestionar en democracia.
Agregaría, que a mayores espacios ciudadanos de participación y de beneficios se hará cada vez más costosa, todo para producir paz.
Sepa usted que la segunda ronda electoral, dándose o no, la tiene presupuestada el Tribunal Supremo de Elecciones, siempre aparecerá contemplada en el presupuesto de la nación cada cuatro años.
Algunos, intentando disfrazarse de preocupados por otras prioridades y necesidades nacionales, tratan de disminuir a las decisiones soberanas del pueblo —por medio del voto— como secundarias, poniéndolas como un tema excluye para lograr otras prioridades, obviando que son un curso intensivo de civismo nacional, tema trascendental.
Países como Corea del Norte, China, Cuba y otras naciones autoritarias, no invierten en procesos electorales, ahí ese gasto no es importante y se lo “ahorran”. En otras naciones se realizan elecciones manipuladas para asegurar la continuidad de quienes están en el poder, disfrazando regímenes autoritarios con un “vestido” falso de demócratas. El jugar con el pueblo y no invertir para que se manifieste sí es realmente un caro descuido, que al tiempo pasa factura.
Nunca será caro invertir en un ejercicio de civismo como es una segunda ronda electoral. Esta será tan solo la segunda ocasión en que se dé en Costa Rica, puesto que nuestro sistema apenas exige 40% de los votos emitidos al triunfador para ser electo Presidente de la República.
Una cantidad por mucho más fácil que el 50% que exigen la mayoría de las naciones que con frecuencia van a segunda ronda para escoger a sus gobernantes.
Las reglas de juego electoral en nuestro país están establecidas hace muchas décadas, no pueden ser obviadas ni menospreciadas. Se toma la decisión de participar en un proceso electoral conociéndolas y se han de respetar, no es solamente cuando nos benefician los resultados cuando deben ser aceptadas.
Quien considere que invertir en hacer cada vez más democrática la nación es botar el dinero, es el primero en aportar al debilitamiento del sistema. No podemos menospreciar principios de selección tan arraigados en nuestros ciudadanos, de lo contrario podríamos caer en lo que alguna vez advirtió el Barón de Montesquieu cuando dijo: “La descomposición de todo gobierno comienza con la decadencia de los principios sobre los cuales fue fundado”. Para el caso de nuestro país: el voto libre y secreto es uno de esos principios fundamentales, jamás un desperdicio.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo