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Martes 24 Enero, 2012

Déficits gemelos

En días anteriores mucho se ha debatido sobre el déficit fiscal y el equilibrio que se debe alcanzar entre el aumento de impuestos y la disminución del gasto con el fin de revertir la tendencia creciente del nivel de deuda del país. Sin embargo, un tema igualmente preocupante es el déficit de cuenta corriente, el cual nos coloca a merced de la entrada de flujos externos y podría traer consecuencias significativas para la economía en el futuro.
Es claro que un país no puede vivir eternamente gastando más de lo que le ingresa ni dependiendo de flujos externos, más cuando una proporción de ellos es meramente circunstancial. Por lo tanto, ¿qué podría deparar 2012 para la economía costarricense y el tipo de cambio en particular?
El déficit fiscal. En 2011, Costa Rica cerró el año con un déficit fiscal del 4,4% del PIB, lo que lo ubica como uno de los más altos en Latinoamérica. Adicionalmente, de continuar la brecha entre ingresos y gastos del gobierno, el déficit se ubicaría cerca del 10% del PIB en 2015 de no aprobarse el proyecto de Solidaridad Tributaria.
Dado este panorama, en 2012, el gobierno tendría que recurrir a financiamiento interno elevando así las tasas de interés internas y llevando a una apreciación de la moneda local. Consecuentemente, el BCCR tendría que proteger la parte inferior de la banda cambiaria lo que pondría presión al nivel de precios internos.
El déficit de cuenta corriente. El BCCR estima un déficit de cuenta corriente de un 5% y un 5,5% del PIB para 2011 y 2012, respectivamente y asume un deterioro aún mayor del déficit de la cuenta comercial. La pérdida de competitividad de los exportadores aunada a un aumento en la factura petrolera son factores que contribuirían a este resultado.
Actualmente, este déficit está siendo financiado por la entrada de flujos externos de dos tipos, inversión extranjera directa y excesos de liquidez internacional fluyendo hacia países emergentes. Esta segunda fuente ha mostrado ser riesgosa y causa de volatilidad en países en desarrollo. Un claro ejemplo es la significativa depreciación del tipo de cambio, cerca del 20%, que ha afectado a Brasil y México en los últimos cuatro meses debido a la salida de capitales en un ambiente global caracterizado por una mayor aversión al riesgo.

Los déficits gemelos. Por lo tanto, lo que veríamos en el corto plazo es un tipo de cambio ubicado en la parte inferior de la banda cambiaria, pero que eventualmente e inevitablemente tendería a depreciarse hasta poner presión en la banda superior. Esto obligaría al BCCR a intervenir usando sus reservas e incluso ampliando el límite superior de hacerse insostenible.
Hasta ahora el país ha mostrado inhabilidad en llegar a una solución sostenible para el problema fiscal, y mientras el debate continúa, se obvia la dependencia de entes externos y sus decisiones de inversión en el país y, con ello, la emergencia económica en la que nos encontraríamos en el momento en que ocurra un revés en la tendencia.

Miriam Manrique