Leiner Vargas

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Martes 16 Septiembre, 2014

Esperar como lo han venido planteando el Ministro y Vicepresidente Helio Fallas y el presidente Solís, es una irresponsabilidad


Reflexiones

Déficit fiscal, el último que apague la luz

La carga tributaria en Costa Rica, sin contar las contribuciones a la seguridad social, es baja y en los últimos diez años ha rondado entre el 13% y el 14% del Producto Interno Bruto, PIB.
Ciertamente, el país realizó un gran esfuerzo por equilibrar las finanzas públicas después de los desajustes provocados por la crisis de la deuda externa en los años 80 y su capacidad de endeudamiento creció como producto de una tasa de expansión en la producción, que superó por muchos años el ritmo de crecimiento de la deuda nacional.


Todo lo anterior, fue cierto hasta que se dio la crisis financiera internacional en 2007 y se favoreció una nueva expansión del gasto público en el último quinquenio. Los salarios, las transferencias y las pensiones, junto con el eterno tema de las deudas del Estado con la CCSS, se han convertido en los disparadores automáticos del gasto público, mismo que ha crecido mucho más rápido que los ingresos tributarios, principal fuente de ingresos del Estado costarricense.
La no aprobación de la propuesta fiscal del gobierno anterior provocó un ensanchamiento en el déficit fiscal y en la deuda interna y externa del país, que se ha venido acrecentando a lo largo de los últimos años. La responsable actuación de la Administración Chinchilla respecto al debilitado estado de las finanzas públicas generó un ajuste salarial bajo y una clara propuesta para la discusión fiscal del gobierno entrante. Todo lo anterior, a la espera de una clara respuesta política ante el déficit fiscal y un ajuste necesario en las finanzas públicas tanto del lado del gasto como en materia de nuevos ingresos.
Si bien, las medidas fiscales son duras y dolorosas para los actores políticos, dado que generan impactos en la distribución del ingreso, requieren gastar una parte importante del capital político y de amplios esfuerzos de concertación nacional.
Hacer las reformas a tiempo y de buena forma es primordial para reducir el impacto de los desequilibrios en los precios, el empleo, la pobreza y los desajustes en los mercados financieros y en general, la producción del país. Pretender ignorar estos efectos es claramente un boleto al fracaso económico con consecuencias de crecimiento de la pobreza, más desempleo y menos inversión social y productiva.
Actuar responsablemente seguro que llevaría por el camino más difícil al gobierno, pero es el camino responsable. Esperar como lo han venido planteando el Ministro y Vicepresidente Helio Fallas y el presidente Solís, es una irresponsabilidad histórica con el país que pagaremos todas y todos los costarricenses.
Los intereses subirán, la deuda se degradará en su calificación y el presupuesto público se invertirá más y más en pagar intereses de la deuda y menos en la generación de infraestructura y servicios sociales básicos para la población. Así como vamos, que el último apague la luz.

Leiner Vargas Alfaro

www.leinervargas.com