Amar al prójimo nos obliga a defender la vida de todas las personas. Eso lo entiendo como defender la vida de cada persona desde su gestación hasta su muerte natural.
La vida es el más fundamental derecho humano y la base de todos los demás, y dado que la violencia en la sociedad y otras acciones humanas pueden truncarla, es una tarea primordial del gobierno proteger a las personas de la violencia y de esas perniciosas acciones. Este llamado es aún más vehemente entre nosotros por la tradición de sociedad pacífica y gentil de la que justamente nos ufanabamos.
Nos debe doler y preocupar la muerte evitable mediante políticas públicas de tantas personas por asesinatos, suicidios y accidentes de tránsito.
Las cifras son espeluznantes.
De 2000 a 2024 en 24 años la población ha crecido un 35%.
En ese mismo período las muertes por asesinatos han crecido un intolerable 250% y los suicidios un muy doloroso e inaceptable 62%.
En 2019 publiqué mi artículo “Vivir es el primero y más fundamental de los derechos humanos” (www.rodriguez.cr) en el que señalé: “También en las muertes por accidentes de tránsito hemos sufrido retrocesos”. De una tasa de entre 13 y 14 personas fallecidas por 100.000 habitantes en los primeros años de este siglo estamos en 2016 y 2017 en tasas de 17,6 y 16,5.
La defensa de la vida es un tema central que nos obliga a atender esas dolorosas realidades que ameritan políticas públicas en muy diversos campos.
Las cifras hacen evidente que los homicidios son la causa de muertes causadas por acciones humanas que más han crecido y por sus consecuencias en la vida de la sociedad como un conjunto la que produce más daño. A este tema he dedicado muchos comentarios a lo largo de los años. Me precio de que durante el ejercicio de la presidencia se contuvo e incluso disminuyó levemente la proporción de homicidios dolosos; y dejamos instrumentos para que las siguientes administraciones pudiesen seguir encarando de mejor manera ese terrible mal: más policías, mejor entrenados y equipados, civilistas y fuera de los cuarteles -Una Nueva Generación de Policías-; el servicio de Guardacostas y el Tratado de Navegación Conjunta con EEUU, construcciones carcelarias que casi eliminaron la sobrepoblación penitenciaria -lo que logró la administración siguiente- y mejor legislación penal.
Hoy comento las muertes en nuestras carreteras y acciones que demostraron su utilidad y que se pueden de nuevo tomar.
Durante mi gobierno las muertes en carretera eran muy altas en proporción a la población y estaban creciendo de una manera exagerada y cruel. Entre 1989 y 1999 habían aumentado casi un 6% por año y éramos uno de los países del mundo que sufría más muertes por accidentes viales, según datos que señaló en el año 2000 don Rodolfo Solano entonces Director de la Policía de Tránsito (“Más muertes en carreteras”, La Nación 17 de abril de 2000) Don Rodolfo indicó que solo Francia nos superaba en esa macabra estadística según el Banco Mundial.
Para enfrentar esa dura realidad a la que además de problemas de diseño vial contribuían exceso de velocidad, temeridad al conducir y hacerlo bajo los efectos del alcohol, enviamos una reforma a las leyes de tránsito. Pero había que quebrar hábitos de conducción, y para ello se necesitaban policías de tránsito que forzaran el cumplimiento de las leyes.
En el ejercicio de la Presidencia me reunía semanalmente con cada ministro para analizar los temas de su cartera. Recuerdo las conversaciones con el Ministro de Obras Públicas y Transportes don Rodolfo Méndez en las que considerábamos su propuesta de aumentar el número de oficiales de tránsito en 400 posiciones. Eso era casi duplicar su número pues con el aumento llegábamos casi a 900 tráficos.
Era muy difícil considerar un aumento proporcionalmente tan grande. Don Rodolfo tuvo que argumentar mucho pues era un gobierno en el que los aumentos del gasto en personal eran muy controlados y limitados, salvo en policías y educadores.
Pero el tema de las muertes en las carreteras fue muy poderoso.
No he conseguido información sobre el número de muertes en carreteras en una serie de una misma fuente para todo el período desde el año 2000 hasta el año pasado. Pero sí una serie del Ministerio de Salud para el período 1997 a 2007 y otra del Consejo Nacional de Vialidad (CONAVI) para el período 2012 a 2024.
Después de un escandaloso crecimiento en las muertes por accidentes en carreteras de más de 10% anual en los últimos años del siglo pasado, en los primeros cuatro años de este siglo las defunciones por accidentes viales bajaron un 3,3% por año.
Luego volvieron a crecer.
Del año 2004 al 2007 aumentaron más de un 5% por año y de 2012 a 2024 (la serie del CONAVI) crecieron un 3,6% anual casi duplicando la tasa de crecimiento de la población que en ese período fue de 1,4% anual.
¿Qué ha pasado con el número de oficiales de tránsito en estos años posteriores al aumento que hicimos hace 25 años?
Las cifras que en medios de comunicación he obtenido es que en 2019 había 750, unos 150 menos que al final de mi gobierno, y a mediados de este año solo hay 682.
Ya vimos que en este siglo la población ha crecido un 35%. Pero el número de oficiales de tránsito en este período ha decrecido un 16%.
Pero el desbalance es muchísimo mayor.
En el año 2000 había 632.625 vehículos. El año pasado el parque automotor era de 1.879.790. Un Extraordinario aumento de 197%.
¡Los vehículos aumentaron 197% y los tráficos para vigilarlos disminuyeron un 16%!
Claro que los homicidios son un problema muy grande, inmenso que está convirtiendo en criminales y asesinando a muchos jóvenes, y que ha roto la seguridad y la paz de nuestros habitantes. Y claro que el narcotráfico, la violencia que se ha desarrollado en nuestra sociedad, y los homicidios de inocentes no ligados a ninguna actividad delictiva afectan gravemente el bienestar de nuestros compatriotas y hacen menos atractivo el turismo con muy perjudiciales efectos para el empleo especialmente en nuestras zonas más necesitadas de progreso.
Y claro que los suicidios son un problema serio y muy doloroso de salud mental.
Esos graves problemas deben ser mejor enfrentados para vencerlos.
Pero son tareas difíciles y que requerirán tiempo para dar sus frutos.
Aumentar el número de buenos oficiales de tránsito acuerpados por cámaras para vigilar las carreteras dará frutos inmediatos.
Además, un mayor número de policías de tránsito permitirá que los tráficos puedan también desempeñar tareas dirigiendo los vehículos en horas pico y evitando estacionamientos ilegales para mejorar la circulación. ¡Cuánta falta nos hace ese apoyo ante el ya inaguantable congestionamiento vial!





































