Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 31 Diciembre, 2009


De cal y de arena
De Calderón Guardia a Obama

Aunque parezca una gran mentira, tan grande como que ni siquiera califique para figurar como agarrada de chancho propia del Día de los Inocentes, Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, no cuenta con un sistema de seguridad social de cobertura universal. Desde la presidencia de Teddy Roosevelt (1901-109) siete mandatarios han tratado de crearlo, pero sus empeños han topado con la resistencia y el sabotaje de las poderosas e influyentes grandes corporaciones que retienen para sí el mundo de los seguros médicos. Hoy, el presidente Obama revive el tema, lo somete al examen de senadores y representantes y logra que ambas Cámaras aprueban la creación del sistema. Ahora el expediente pasa a un proceso de conciliación para armonizar el texto final. Lo que conseguirá “el ignorante Negrito” (como lo llamó el reaccionario banquero hondureño Enrique Ortez, efímero canciller del régimen golpista) no será ni por la tapa tan generoso como la seguridad social costarricense que provee medicina general, especializada y quirúrgica, subsidios y pensiones, con ayuda económica a quienes tienen un ingreso mensual inferior o igual al costo de la canasta básica vigente.

Costa Rica dejó atrás al gigante mundial. En 1941 creó el Seguro Social que con ajustes dictados por las circunstancias a lo largo de 68 años, ha sido uno de los factores determinantes de que esta sociedad alcanzara índices de desarrollo propios de país rico a un costo diez o 12 veces menor, con una cobertura hospitalaria del 95% de la población, con una expectativa de vida próxima a los 80 años y con una mortalidad infantil de 10/1000 niños nacidos vivos. El contraste con la ley de Obama da la medida exacta de las dimensiones revolucionarias de la Reforma Social que llevó a cabo el presidente Calderón Guardia. A él, como a Obama, le valió el estigma de la derecha más conservadora, que no renunció a la ambición de abrogarla y sí empeñó todas sus capacidades para hacer que el líder militar de la guerra civil la secundara en sus nefastos propósitos. Figueres —y esta es una de sus decisiones más grandes, históricas y valientes— los repudió e hizo que el Ejército de Liberación Nacional y la Junta Fundadora se comprometieran a respetar, consolidar y ampliar la Reforma Social. Capitalismo sin sensibilidad social se llama eso, aunque posiblemente los aseguradores americanos no lleguen a tanto como a reunirse en la casa del banquero más conspicuo a demandar del presidente cerrar la Caja de Seguro Social.

En EE.UU. cada quien ha de contratar la cobertura médica mediante el empleador o con los aseguradores privados. Las primas han aumentado cuatro veces más rápido que los salarios y son ahora el doble de caras que hace nueve años. Por eso cada vez más estadounidenses (hoy 47 millones) no pueden pagarlas y otros 25 millones tienen una cobertura médica inadecuada para sus necesidades. Los dos sistemas de salud que sostiene el gobierno (Medicare y Medicaid para determinados grupos sociales) no se fundan en la solidaridad y aunque consumen buena parte del 16% del PIB que el gobierno federal asigna a salud, están lejos de proporcionar la cobertura de que gozamos en Costa Rica. ¡Y aún así, hay quienes hablan pestes del Seguro Social!