Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 6 Diciembre, 2007

De cal y de arena

Alvaro Madrigal

Quien logre embridar al coronel Hugo Chávez se convertirá en el salvador de la señera revolución que se abre paso en Venezuela, con la resistencia de una heterogénea alianza de intereses criollos y fuereros que defiende a bayoneta y fuego una privilegiada estructura del poder político y económico.
Por ironías de la vida, esa brida podría llegar con el resultado del referéndum del domingo pasado. Todo está en cómo el líder venezolano encaje la derrota, sobre todo el significado de la vertiginosa caída de los apoyos que le dispensaron las masas del Movimiento V República.
Chávez ha sometido sus pretensiones al electorado en siete oportunidades, triunfando siempre con holgura. Hace un año recibió 7.300.000 votos pero el domingo fueron 4.300.000 los votos a favor de la reforma constitucional. El mismo presidente venezolano se preguntó, tras aceptar la derrota, qué drenó su capital electoral tan estrepitosamente. Demasiado poder acumulado, sus arranques autoritarios, su discurso violento y agresivo en extremo para con críticos y adversarios, y su comportamiento en foros internacionales, tienen que haber llevado a muchísimos partidarios a provocar un alto en el camino. Chávez ha tocado gigantescos intereses y ha desafiado como nadie (hasta en lo personal) a la catedral del imperio. Contra él han montado una descomunal campaña mediática para deslegitimar todas sus posiciones y distorsionar la verdad que hay en sus propuestas.
En tal contexto es suicida que Chávez aísle a Venezuela del contexto internacional y abra espacios al sabotaje de la revolución que transforma social, política y económicamente al país. Tiene que seguir otra estrategia aunque no renunciar a su visión de cambio. Y debe hacerlo ahora, con la autoridad que le da su respeto a los resultados y cuando del referéndum salen mensajes conciliatorios y voces críticas de su partido le advierten de la corrupción, la pobreza, el desempleo y el desabastecimiento existentes.

De la corrupción de partidos, empresarios y dirigentes sindicales en la Venezuela que precedió a Chávez surgieron unas estructuras sociales plagadas de injusticias y desequilibrios sociales en medio de una fabulosa riqueza petrolera. El arremete contra todo ese mundo de grandes intereses locales y extranjeros con toda la carga de riesgos que ello representa (lo vemos un día sí y otro también). Por eso le declararon la guerra y por eso todo lo que diga es satanizado, hasta las innovaciones constitucionales que son cosa común en muchas democracias (atribuciones presidenciales bajo estados de excepción, regulaciones de monopolios y latifundios, fomento del estado empresarial, políticas de seguridad social, referendos aprobatorios, sujeción del Banco Central al plan de trabajo del gobierno, competencias para modificar la administración y la división política del país, regulación de la jornada laboral).
El solo hecho de que las proponga Chávez produce la excomunión, así se trate de algo tan común como la posibilidad de la reelección consecutiva ilimitada propia de las democracias parlamentarias. ¿Cuántos años se mantuvo en el poder un único líder en Israel, en Australia, Japón e India? Tantos como los decidiera el electorado en las urnas. Eso es lo mismo que propuso Chávez.