Davos: urgen los cambios
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Davos debe acometer con la mayor seriedad el comportamiento ético y la necesidad de cambiar las reglas de juego de la economía mundial

Davos: urgen los cambios

Una nueva edición del Foro Económico Mundial se celebra en estos días en Davos, Suiza, en busca de estabilizar una economía mundial sacudida por las secuelas de la crisis.
Ocurre este encuentro ante un nuevo panorama: el orden económico mundial se perfila con el afianzamiento de países emergentes como Brasil, Rusia, India y China.

En América Latina, entretanto, la principal preocupación es la guerra de las monedas. Para la Zona Euro, en cambio, la turbulencia es ocasionada por los rescates financieros de Grecia e Irlanda y la amenaza de un contagio a Portugal y España.
Pero un peligro es común a todo el planeta, la inestabilidad social a raíz del alza de los alimentos y la inflación, ejemplo de lo cual lo encontramos en Túnez, con la caída del presidente Zine El Abidine Ben Alí.
Frecuentemente, dirigentes del mundo político y de la economía se reúnen en distintos foros para analizar, a veces, cómo salvar al mundo; en otras, cómo optimizar su desarrollo.
Un factor se omite en tales reuniones, y si se hace presente, queda condenado al fracaso. Se trata de la urgencia de reformar los principios de los actuales sistema productivo y económico que, además de poco éticos, son nocivos para el medio ambiente y por tanto para los intereses del mundo entero.
Probablemente esto obedezca a que en tales conferencias no solo participan políticos, sino también los causantes de la crisis financiera, banqueros y gerentes en cuyas empresas impera una actitud despreocupada de cara a la sostenibilidad del sistema económico.
Davos debería acometer con la mayor seriedad el comportamiento ético y la necesidad de cambiar las reglas de juego de la economía mundial.
Las negociaciones de Copenhague demuestran lo lejos que está la humanidad de una verdadera toma de conciencia en materia ambiental.
El modelo de producción de Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca son ejemplo claro de que es posible combinar competitividad con sensibilidad social y ambiental.
Afortunadamente, algunas economías como México, Brasil y Costa Rica han asumido un liderazgo en cuanto a comprometerse con el desarrollo sostenible.
Así, no sería de extrañar que en pocas décadas, el liderazgo económico se traslade hacia naciones más comprometidas con modelos sustentables de desarrollo.
Si continuamos reproduciendo en el nuevo siglo los modelos económicos del siglo pasado, de seguro deberemos continuar dando tumbos foro tras foro.


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