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Domingo, 25 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


¿Cumplir cien años? ¡No, gracias!

Claudia Barrionuevo [email protected] | Lunes 06 septiembre, 2010



¿Cumplir cien años? ¡No, gracias!


“¿Cómo será cumplir 100 años?” Me preguntó mi amiga Inés, mientras se miraba en un espejo de aumento para poder maquillarse decentemente. “Peor que cumplir 50”, le respondí mientras trataba de tomarme la colección de pastillas que me habían recetado tres médicos distintos. “¿Te gustaría?”, me interrogó nuevamente cuando descartaba un par de pantalones que ya no le quedaban bien. “¡No!”, contesté intentando gesticular lo menos posible para disimular las arrugas.
El tema se las traía y aunque yo trataba de evitarlo, Inés insistía, dándole a cada sentencia una connotación dramática. Nostalgia de los veinte, los treinta, ¡hasta de los cuarenta!, angustias ¡de todo tipo ante el futuro, tristeza por lo que ya no iba a ser, aflicción frente al espejo, congoja por la salud, desolación total.
Y aunque intentaba sacar del baúl de los consuelos alguno que le fuera útil, mi pesimismo solo me permitía hundirme con ella en el mismo tormento.
Sí, sí, claro, tenemos un bagaje de experiencia nada despreciable en muchos campos. Sin lugar a dudas estamos más seguras, nos sentimos más libres, sabemos exactamente lo que queremos y lo expresamos sin tapujos. Por supuesto, podemos ver que aún tenemos mucho que aportar.
Pero también tenemos rodillas menos aceitadas, cinturas más delicadas además de menos finas, cansancio acumulado, energía disminuida, grasas que empiezan a almacenarse, secuelas de la vida que hemos llevado que no tienen vuelta atrás.
Y lo peor la certeza de que la felicidad no es un estado permanente, muy por el contrario: apenas unos ratitos que aparecen eso sí, mágicamente en algunos momentos.
Recordamos que a los 30 los 40 parecían estar muy lejos; pero a los 50 los 60 están a la vuelta de la esquina. Evocamos a quienes tenían nuestra edad actual cuando apenas cumplíamos los 25 y nos asustamos al comprobar que los considerábamos viejos. Empezamos a ver con más cercanía y simpatía a los que ya alcanzaron los tres cuartos de siglo.
Pero, ¿cien años? ¿Quién quiere cumplir cien años Son muchos los que evocan ese deseo aclarando que aspiran a llegar en buen estado. ¿Acaso es posible?
El cuerpo nos empieza a fallar luego del medio siglo. Tenemos que empezar a renunciar a muchos placeres que hasta entonces estaban estrechamente ligados a la dicha de vivir.
Y ni siquiera pensemos en la pérdida de facultades mentales que si bien en circunstancias normales no decaen a los 50 años es imposible que sigan intactas al cumplir diez décadas.
Igual que al final de una buena fiesta, uno debe saber cuándo debe irse. No puede ser fácil. ¿Abandonarse? ¿Estar seguro que todas las dichas se acabaron y dejarse ir? Aun teniendo la convicción que ya no es posible estirar más la vida, uno querrá despedirse de todos a los que ama. No siempre es posible.
Inés y yo luego de tratar de encontrar en el espejo una imagen que nos resultara por lo menos aceptable nos fuimos a la fiesta de “quince años” de una amiga contemporánea que cumplía media década. Dicen que los cincuentas son los nuevos cuarentas: no los nuevos quince. Pero cada quien tiene sus propias fantasías y hay que aceptarlas.
Eso sí, prometimos salir de la fiesta con toda dignidad: antes de perder cualquier facultad física o mental, nos despediríamos de todos los amigos y nos iríamos a dormir. Tal vez no el sueño eterno, pero dormiríamos al menos las horas suficientes para sobrevivir un día más a este medio siglo de vida que nos tiene agotadas.

Claudia Barrionuevo
[email protected]