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Crisis de hipotecas no es culpa de calificadoras

Matthew Lynn
Comentarista de Bloomberg

Cada crisis de mercado necesita un chivo expiatorio. Tras el colapso de las punto.com en el 2000 los analistas de las grandes firmas de contabilidad y banca de inversión fueron sindicados como responsables.
Los chicos a castigar en este momento por la crisis de las hipotecas parecen ser las calificadoras de riesgo, como Moody's Investors Service, Standard & Poor's y Fitch Ratings. La turba dispuesta a lincharlos está ya preparándose. La sangre se huele en el ambiente.
Políticos como el presidente francés Nicolas Sarkozy ya están pidiendo que se investigue a las asesoras crediticias. Muchos otros se subirán a ese tren.
Pero no deben engañarse de que solucionarán algo.
Hay dos obstáculos en tirarles la culpa a las calificadoras. El primero, que es demasiado tarde. El segundo, que los inversores siempre tratan de adjudicarles a otros la responsabilidad de sus propias decisiones. Hasta que aprendan a mirar con más escepticismo los mercados, nada cambiará.
Eso no hará que la gente deje de intentarlo.
Conforme queda en evidencia la medida de la crisis de las hipotecas de riesgo en el mercado de vivienda de Estados Unidos, las calificadoras de riesgo se sumergen en busca de refugio.
“Tenemos que preguntarnos el verdadero papel que deben tener las calificadoras en mapear los riesgos”, dijo Sarkozy en una carta de dos páginas sobre la crisis. “Su papel, que aúna la creación de estos productos con la evaluación de riesgo, debe ser sometido a un examen cuidadoso”.
La canciller alemana Angela Merkel respaldó esa posición en una entrevista con el periódico Bild am Sonntag. El Comisario de la Unión Europea para Servicios Financieros Charlie McCreevy ya había anunciado una revisión de la administración, conflictos de intereses y recursos de las compañías. Entretanto, Christopher Dodd, presidente de la comisión de bancos del Senado estadounidense, había dicho que los reguladores necesitarán analizar si los servicios de calificación son tendenciosos en sus evaluaciones debido a las comisiones que ganan.
Sarkozy, Dodd y el resto están en lo cierto de identificar algo extraño sobre la forma en que operan estos calificadores de deuda. Usted dudaría de comprar un automóvil usado cuando el tipo disfrazado con una piel de cordero recibe dinero del dueño del vehículo para decir que está en buen estado. De la misma manera, usted debe negarse a comprar un bono cuando el banco que lo vende le pagó a la empresa de calificaciones para decir que vale lo que cuesta.
“La visión cínica es que uno obtiene la mejor calificación que el dinero puede pagar”, dijo Stuart Thomson, quien administra bonos por 23.000 millones de libras ($45.500 millones) en Resolution Investment Management Ltd. de Glasgow, Escocia, en una entrevista telefónica. “Operan en connivencia con los bancos, así que son cómplices en la crisis de las hipotecas de riesgo y debería haber una penalidad apropiada”.
Nadie debe objetar si hubo cambios. Si los calificadores son castigados por estar demasiado cerca de los bancos, sólo se tienen a sí mismos para culpar. Si nuevos evaluadores autónomos de créditos comienzan a ganar negocios, pagados por los inversores en lugar de los emisores, entonces será mucho mejor. No será difícil encontrar mejores maneras de administrar el sistema. Cuando títulos que terminaron prácticamente sin valor habían recibido una calificación de AAA, entonces algo está mal.
No piense simplemente que realmente algo va a cambiar.
Los inversores siempre están tratando de pasar la pelota por lo que en definitiva son sus propios errores.
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