Nuria Marín

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Lunes 15 Septiembre, 2008

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Otras víctimas del 11-S

Nuria Marín
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Hace siete años, conforme tratábamos de asimilar las crudas y emocionalmente impactantes imágenes de lo sucedido con motivo de los ataques del 11 de setiembre, un grupo de analistas reflexionábamos sobre cuáles podrían ser las consecuencias de lo sucedido. Concluíamos que dichos hechos tendrían una dimensión mucho más amplia en términos de vidas y dolor humano del que podríamos en ese momento especular. La historia tristemente nos demostró cuánta razón teníamos.
A los miles de personas que perdieron la vida en las Torres Gemelas, Pentágono y Shanksville, Pensilvania (United 93), debemos agregar miles de víctimas directas e indirectas producto de actuaciones y decisiones post 11 de setiembre, a saber:

Participación en dos guerras:
Sin entrar a analizar la legitimidad o no de las decisiones, es innegable que el derrocamiento del régimen talibán en Afganistán y la invasión a Iraq han generado miles de víctimas tanto en los ejércitos participantes, como insurgentes e inocentes poblaciones civiles. No existen números precisos y en algunos casos los que están disponibles no necesariamente son confiables. Solo en el caso de Estados Unidos, el número de muertos supera al de las víctimas directas del 11-S (más de 4 mil).

Cambio de prioridades en el gasto:
La participación en ambos conflictos militares limitó la disponibilidad de fondos para proyectos de carácter social como erradicación de la pobreza, combate del VIH-sida, malaria, etc. El número de víctimas es imposible de cuantificar.

Muertes por cambio de hábitos:
De acuerdo con modelos econométricos y cifras oficiales se incrementó en Estados Unidos en más de 1.000 el número de muertes por accidentes en carreteras producto del cambio de hábitos de los ciudadanos ante al temor de volar post 11-S.

Problemas de salud física y mental de la población expuesta:
A la fecha hay cientos de víctimas mortales producto de problemas respiratorios relacionadas con labores realizadas en la “zona cero.” Algunos de sus familiares han planteado incluso procesos legales (class action) además de la solicitud de agregar los nombres al de las víctimas del 11-S. Hay un esfuerzo por documentar los efectos físicos y mentales en la población (cientos de miles) expuesta al polvo, humo y químicos además del impacto post traumático por estrés. Informes de las autoridades del Departamento de Salud de Nueva York revelan estar monitoreando una población de más de 70 mil personas. Los médicos reconocen que los alcances totales solo se sabrán luego de 20 años.
Sin lugar a dudas los terribles hechos del 11 de setiembre de 2001 y las decisiones tomadas fruto de tales acontecimientos, han dejado una huella de pérdida y dolor de dimensiones difícilmente cuantificable. Esperamos que estas al menos contribuyan como imborrables lecciones de lo que debemos prevenir.