Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 11 Agosto, 2014

Sabemos que necesitamos una fuerza laboral cada día mejor preparada, más ahorro e inversión y aumentar la productividad


Crecer y participar

Crecer es una norma central que debe guiar nuestras acciones, en lo personal, en lo familiar, en lo comunal, en lo nacional y en lo internacional, si queremos cumplir con las obligaciones de nuestra responsabilidad social.
¿Por qué es importante crecer? ¿Qué tiene que ver el crecimiento de la economía con las obligaciones personales y sociales que nos manda la doctrina social de la Iglesia con su principio de solidaridad?
La respuesta es inmediata: si crece el tamaño del queque es más fácil que cada quien tenga una tajada mayor, o al menos no menor.


Claro que de acuerdo con el principio solidaridad, nos interesa en especial que aumente el ingreso de las familias más pobres. Por eso el crecimiento que nos interesa debe ser incluyente, y en lo posible dirigido a que crezca más aceleradamente la porción del queque que va a quienes menos tienen.
Para que el crecimiento sea continuado debemos continuar invirtiendo en capital físico y también en capital humano. Ello requiere que se mejoren los incentivos a invertir y que tengan recursos para hacerlo quienes —por su ya relativamente alto nivel de consumo— pueden ahorrar más para financiar la inversión y pueden tomar mayores riesgos en innovación y cambio.
Por eso el crecimiento no debe ser excluyente de quienes ya tienen. Tratar de que el crecimiento sea solo para los más necesitados puede mejorar su situación, pero solo transitoriamente pues caería la inversión y el crecimiento futuro podría ser negativo.
Con el magnífico crecimiento de la economía mundial y su buen efecto en América Latina gracias a las reformas económicas efectuadas a finales del siglo XX (Consenso de Washington), tuvo Costa Rica  un muy buen  crecimiento en 2002-2007 del 6,8%.
Luego la crisis financiera  de 2007-2008 retrasó nuestro crecimiento y de 2009 a 2013 crecimos a un 4,5% y ese nivel se viene deteriorando. En 2013 el aumento del PIB fue del 3,5%, la revisión del programa monetario del Banco Central estima que crecerá este año solo un 3,6 y el 2015 un 3,4%.
Además incluso en los años de buen crecimiento este no fue muy compartido, y en esos años —mientras en general en América Latina disminuyó la desigualdad— entre nosotros aumentó. Por eso no logramos disminuir en ese periodo el porcentaje de pobreza, y en los últimos años con menor crecimiento aumentó el desempleo.
La obligación moral de ser solidarios con el prójimo nos conduce a propiciar el crecimiento compartido. No caben ni la indiferencia frente a las necesidades de los pobres  ni la irracionalidad de sacrificar el futuro  con pura distribución asistencialista. Debemos crecer.
Sí debemos crecer más rápidamente y de manera compartida, debemos tomar medidas para logarlo. Sabemos que necesitamos para ello una fuerza laboral cada día mejor preparada, más ahorro e inversión y aumentar la productividad.
Todas las políticas económicas deberíamos entonces evaluarlas tomando en cuenta sus efectos sobre estos factores del crecimiento y de la distribución.

Miguel Ángel Rodríguez