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Domingo, 31 de mayo de 2020



FORO DE LECTORES


Covid -19, deudas ambientales y la Costa Rica bicentenaria

José Rodrigo Rojas [email protected] | Miércoles 13 mayo, 2020

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La pandemia provocada por el virus del síndrome respiratorio severo agudo, evidenció que ningún pacto mundial a favor del ambiente o acción climática, ha sido tan efectivo en lograr cambios positivos, casi inmediatos, en favor de la naturaleza como el Covid-19.

La estrategia humana de quedarse en casa, le ha permitido a la tierra sacudirse, respirar y recuperar funciones y procesos claves para mantenernos con vida en la única nave que tenemos para viajar alrededor del sol.

Sin embargo, este florecimiento ambiental planetario será efímero y solo un bonito recuerdo, si no hacemos transformaciones permanentes respecto a la relación humano-naturaleza, modelos de consumo y uso de los recursos naturales para la producción de bienes y servicios actuales y futuros.

Absurdo sería olvidar que la amenaza ambiental global, provocada por el calentamiento global, solo está en pausa temporal y que su trayectoria y magnitud será reactivada, post-pandemia, cuando billones de personas salgan del auto-aislamiento a resolver problemas económicos y enfrentar tragedias familiares. Frente a este escenario, es probable que la agenda, para la sostenibilidad ambiental global, quede marginada de las políticas de estabilización económica nacional o internacional.

Covid-19 puso en pausa indefinida un sinnúmero de inversiones y programas dirigidos al desarrollo en armonía con la naturaleza, la pandemia desplazó cualquier prioridad empresarial corporativa relacionada con normas de desempeño ambiental. Aún más, las economías emergentes como Costa Rica, están modificando sus presupuestos ordinarios para contar con recursos financieros alternativos y enfrentar esta pandemia.

Ante esta realidad, tenemos una deuda ambiental que migra hacia la Costa Rica del bicentenario y que es posible que se agrave.

La hipótesis es que cuando se flexibilicen las medidas de aislamiento, la ciudadanía se volcará a las calles, las carreteras se saturarán de autos, regresará el problema de vertidos, volverá el ruido, el consumo de combustibles fósiles y las emisiones de gases de efecto invernadero.

La situación ambiental del país seguirá comprometida, Covid-19 apenas nos dio una tregua, casi divina, para que nuestras costas, ríos, mares, bosques y ciudades tomaran un respiro. Empero, lo que se otea en el horizonte del desarrollo sostenible es pesimista y más bien tiende a tonos de gris. Como si fuera poco, el informe del sobregiro de la tierra (Earth Overshoot, 2019), el Índice Planeta Vivo (Living Planet Index, 2019) y el capítulo “Armonía con la Naturaleza”, del vigesimoquinto Informe del Estado de La Nación (IELN, 2019), advierten sobre la compleja situación que vive el país en materia de conservación. Desconocemos el lugar que ocupa el ambiente y por lo tanto debemos revisar la forma en que gestionamos el territorio, los recursos y el patrimonio natural de cara a cumplir 200 años de vida independiente.

Si queremos aprovechar la tregua ambiental global, debemos aplicar cambios permanentes respecto al modelo de consumo actual, estilos de vida, uso de recursos y del territorio.

Evitemos los lock in, no mas transiciones hagamos las transformaciones necesarias para reducir emisiones de gases de efecto invernadero, es hora de impulsar masivamente la electro-movilidad para personas y carga. Finalmente, Covid-19 ha develado oportunidades de mejora y a pesar de las debilidades que tiene el desempeño ambiental, por ninguna razón debemos retroceder.

Lo conseguido en materia de desarrollo sostenible es marca mundial. Seguimos siendo un ejemplo internacional de turismo sostenible, por el sistema de áreas protegidas, por la producción de energías renovables, por el pago por servicios ambientales y por la estrategia de descarbonización de la economía. Estas garantías ambientales serán las líneas de ataque y motores que impulsarán la estrategia de desarrollo sostenible de los albores de la vida bicentenaria.

Dr. José Rodrigo Rojas M.

Investigador






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