Costa Rica dejó de avanzar
cultura del servidor público fue carcomida por la apatía y falta de honestidad; promovida en mucho por pseudopolíticos que ...
La cultura del servidor público fue carcomida por la apatía y falta de honestidad; promovida en mucho por pseudopolíticos que asumieron dirección de instituciones
Cuando revisamos los casi 200 años de historia del país encontramos que la nación tomó buenas decisiones durante su vida política, en su mayoría caracterizadas por ser incrementales, gobierno tras gobierno se hacía un aporte en la mejora de la institucionalidad y la sociedad.
Existía una “columna vertebral” común que se respetaba y fomentaba: educación, salud e infraestructura. Podía cambiar el gobernante, el partido en gobierno, y lo que variaba era la tonalidad de ejecución, pero no de proyecto y objetivo; inclusive en épocas en que los ingresos de Estado dependían en mucho de la suerte de una buena cosecha de café y de un precio alto en el mercado internacional. No en broma se decía que el mejor Ministro de Hacienda era una buena cosecha y precio del grano de oro.
Esa columna vertebral —educación, salud e infraestructura— no solo tenía acuerdo en cuanto a su importancia y lo determinante que sería para otras áreas como la economía, agricultura, trabajo, paz, integración social y más; sino, que además, contaba con maestros y profesores comprometidos con la educación; médicos y enfermeras con vocación de servicio; así como ingenieros, arquitectos, topógrafos, etc. de los mejores para las obras y el transporte público.
Hoy las personas del sector público han perdido el sentido de servicio, a lo mejor la misma institucionalidad los ha deprimido en lo que deberían ser sus principales objetivos. La cultura del servidor público fue carcomida por la apatía, la desidia y la falta de honestidad; promovida en mucho por pseudopolíticos que asumieron la dirección superior de esas instituciones.
El costarricense en sus actividades privadas demuestra creatividad y capacidad de producción para la exportación y para la atención de nuestro mercado interno de bienes y servicios. Empero, estamos ante un Estado que se volvió inoperante y sin horizonte, sobre todo porque se ha dejado influenciar por grupos —no tan grandes como escandalosos— que privan al país de un desarrollo interno de sus riquezas minerales, de la alianza público-privada y que sataniza a todo empresario como corrupto y malvado, a esos mismos que emplean al 85% de la fuerza laboral nacional.
Como nación dejamos de ver a futuro, nos “encharcamos” en lo rutinario y lo poco trascendente. Algunos hacen la “vista gorda” con el 21% de costarricenses atrapados en la pobreza, obviando que poseemos todas las herramientas para superar esa miseria.
Solo una visión de futuro y de compromiso con la generación de empleo y riqueza, con un Estado vigilante de una justa distribución de esa riqueza, puede generar una perspectiva prometedora y esperanzadora.
Algunos toman banderas inocuas y populistas de temas no trascendentales porque les dan cámara y flashes. Nuestra prensa se ha divorciado de lo realmente importante y se hace cómplice de muchos de estos grupos que se empeñan en promover el fracaso de la nación, como el mejor trofeo para sus perversas intenciones de atrofiar a un país exitoso, son esos que como los calamares solo luchan en aguas turbias.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo