Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 21 Marzo, 2012


Hablando Claro
Contra toda forma de xenofobia


Se produce por el temor al “otro”, a quien se ve y se percibe distinto. Por su color de piel, por sus creencias políticas o religiosas, por su preferencia sexual, por su nacionalidad. Es la xenofobia. Un “mal” que nos acompaña casi desde siempre. Se hace patente en el desdén, la ofensa y el maltrato. Pero también va mucho más allá: mata con tal de anular a aquel cuya sola existencia de alguna manera confronta y pone a prueba las propias creencias de quien se asume dueño de la verdad; de su verdad. Es la total incapacidad para la convivencia cuando se está seguro de que esos “otros” no pueden acceder a derechos que se equiparen para todos.
Hoy 21 de marzo, cuando en Jerusalén se realizan las honras fúnebres de tres niños y un rabino asesinados a mansalva el lunes en la localidad francesa de Toulouse, conmemoramos con pesar el Día Mundial contra el Racismo y la Xenofobia. En extremo casual para verse más que como la obra de un loco que —lo sabe ahora todo el mundo por la tragedia de los pequeños— ha ejecutado tres golpes actuando cada cuatro días (el 11, el 15 y el 19 de marzo). Tragedias similares producto del racismo y la xenofobia vivieron hace unos años los argentinos, la vivieron el año pasado los noruegos y la viven hoy los franceses, los israelíes y los judíos del mundo entero. Pero no solo ellos. Siguen sufriéndola los negros, los homosexuales, los extranjeros…
Paradójicamente hemos alcanzado cúspides inimaginables en la ciencia y la tecnología. Pero algunos de nuestros congéneres siguen siendo tan primitivos en sus comportamientos que nos produce vergüenza y horror saber de lo que somos capaces los humanos. Para evitar toda perturbación podríamos acudir al facilismo de señalar que esos sucesos ocurren muy lejos de nuestro aldeano entorno. Incluso podríamos evadir la responsabilidad de abordar el tema para mantenernos en una inexistente zona de confort y no tener que confrontar a una ciudadana que ayer se aventuró a especular que “probablemente si el asesinato hubiera sido de tres niños cristianos latinoamericanos” (yo) “no hubiera corrido a hacer una entrevista sobre el tema” en nuestro Hablando Claro radial matutino.
Solo hay una forma de oponerse a cualquier práctica de xenofobia y racismo: inmediatamente, con contundencia, con vehemencia y asidos a nuestros más caros y preciados valores por la tolerancia y la convivencia armónica donde tengamos siempre los mismos derechos. Los Derechos Humanos que defendemos para nuestros hijos y nietos. Pero también para los hijos y nietos de esos “otros” que no son (o creemos que no son) iguales a nosotros. Porque no queremos vivir con el temor a la inminencia de un nuevo cuarto día para que la muerte asalte a pequeñas e inocentes víctimas del odio y el sinsentido del prejuicio, las armas y las consignas baratas. ¿Que está demente? Como dijo un periodista español queriendo bajar el tono al móvil de la masacre. Seguramente es cierto. Pero que es xenófobo, también. Y contra ello tenemos la obligación de alzar la voz. No importa dónde se produzca la conculcación.

Vilma Ibarra