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Lunes 9 Julio, 2012

¿Confianza?

Una sociedad desconfiada es una sociedad que no puede desarrollarse de forma correcta. El país tiende a paralizarse cuando no se cree en nadie. El tejido social se debilita. Hoy se escribe para denunciar. Todo lleva a responsabilidades penales. Las redes redimensionan. Tienen un gran poder de resonancia. ¿Pueden los medios convertirse en un problema de “salud pública”? ¿Las mentes deconstructivas despliegan a las mentes constructivas?
Respiramos juicios anacrónicos y pesimismo crónico. “Tomamos un factor como el índice de los factores”. Es apremiante una actitud y un periodismo de posiciones equilibradas.
Estamos arando sobre una base social que necesitamos sea firme, sobre la cual podamos construir. Se necesitan también instituciones sostenibles y alineadas como lo son la familia, la escuela, la universidad, la iglesia, la empresa. Necesitamos líderes y fuerzas políticas articuladas.
Ante este panorama de visiones contradictorias, surge una fuerte actitud individualista de reserva interna y externa; un anonimato plácido de indiferencia, que puede sumergirnos en una comodidad y desinterés por no querer participar en la resolución de los diferentes retos nacionales.
La indiferencia no comprende; exige y juzga pero no corrige. Es abono para la falta de solidaridad y la desconfianza social. Cultivo para una cultura de la queja, de la inseguridad y de la sospecha.
Sus frutos: insensibilidad ante las nociones de pertenencia, valores comunes y destinos compartidos. Esta realidad es letal para nuestra democracia que necesita de una convergencia y participación social verdadera.
Hoy por el mal funcionamiento político se culpa solo a los líderes y no a los electores que también somos corresponsables.
El principal derecho de un pueblo no es a elegir sino a que se le gobierne bien. El gobierno es también, casa y cosa de todos. Debemos hacer también de nuestra familia, escuela, universidad, iglesia y empresa centros de calidad y excelencia humana.
Sin la confianza se distorsiona toda relación auténtica. Es el clima necesario para la sociabilidad humana. Para la convivencia sana. Terreno para la construcción del futuro que requiere de acción. Lo incierto y confuso engendra atomización social, inseguridad cultural, disolución del nexo social. La neutralidad por otro lado nos lleva al escepticismo moral.
Debemos asumir nuestra responsabilidad cívica personal. Saber que nuestras decisiones tienen implicaciones sociales. Necesitamos de la participación social que debe pasar de ser un derecho a ser un deber cívico. Somos protagonistas de un itinerante reto: ¡tener confianza y generar confianza!

Helena María Fonseca
Administradora de Empresas