Con ella o sin ella
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Con ella o sin ella

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El Gobierno está apostando todo para que se aprueben varios proyectos de reforma fiscal.
Con ella o sin ella, parece que el panorama luce poco esperanzador.

Por un lado tenemos un Gobierno que prometió no aumentar impuestos en los primeros dos años de su administración.
Prometió también rebajar el déficit fiscal a punta de ahorros y eficiencia en ese plazo, para tener autoridad moral para subir impuestos. Pero no ha cumplido ni con una, ni con la otra.
Entre otras cosas aprobó un presupuesto que aumentaba directamente el déficit al ser un 19% mayor que el del año anterior y la eficiencia recaudatoria se pretende a punta de dar poderes aún mayores a los que ya tiene la Administración Tributaria, que aparte de inconvenientes y abusivos, son en muchos casos claramente inconstitucionales.
Si también autorizáramos a Tributación para que derribe puertas y se lleve el menaje de las casas, seguramente también aumentaríamos la recaudación, pero sucede que Costa Rica es un Estado de derecho.
Todos sabemos que el mayor disparador del gasto son las gollerías sindicales y las absurdas convenciones colectivas que tenemos que pagar todos los costarricenses a unos cuantos miles de afortunados burócratas.
Si bien es cierto, empezar a denunciar y traerse abajo esas convenciones sería una medida que daría frutos a mediano o largo plazo y sus efectos seguramente no se verían en esta Administración, si no se empieza algún día, nunca se logrará e inexorablemente, perdemos todos, incluso los afortunados burócratas.
Pero claro, ese tema es crónica de una huelga anunciada de sectores con los que el Gobierno ha mostrado mucha afinidad.
Pero si todo queda igual, las calificadoras de riesgo reaccionarán más fuertemente, tal y como ya lo han anunciado, aumentará el costo de una deuda que ya es muy alto y eso se tornará en un círculo vicioso del que será aún más difícil salir.
Tal y como está el panorama político, parece que la única solución es que el Gobierno, de una vez por todas, envíe señales claras de su intención de disminuir el gasto iniciando la denuncia de las convenciones colectivas más abusivas (que para escoger sobran).
Ser realista en que no podemos mantener el ritmo de gastos actuales (aunque eso implique menos giras para mendigar empleos e inversión, entre otras medidas), fortalecer la economía a través del mejoramiento del entorno empresarial (eliminación de trámites y requisitos absurdos), enfocarse en los verdaderos focos de evasión fiscal, aunque suene duro, en la pequeñas y medianas empresas que prácticamente no pagan impuestos y negociar con la oposición una reforma fiscal que no se base en un totalitarismo tributario.

Rafael Luna
Abogado tributario
[email protected]


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