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El papel fundamental en la prevención de quemaduras en los niños corresponde a la familia

Con el fuego no se juega

Cada 30 de octubre se dedica en este país a crear conciencia sobre la prevención de quemaduras; lamentablemente, entre las víctimas que más padecen este tipo de desgracia se encuentran los niños.
Las quemaduras acarrean al menor y su familia consecuencias psíquicas negativas a causa de la prolongada convalecencia, y —por qué no mencionarlo— para el sistema nacional de salud implican un gasto considerable de recursos, dada la complejidad de la terapia que requieren.
El niño en la mayoría de los casos no solo padece una dolencia orgánica sino además un sufrimiento estético, por las secuelas de la lesión, en ocasiones de magnitud incalculable, sin importar que las cicatrices sean visibles o no.
Los tratamientos para este mal resultan dolorosos, la piel a menudo necesita injertos u otras técnicas prolongadas y molestas.
Afortunadamente, en Costa Rica gracias a la labor de los hospitales, especialmente el Nacional de Niños, la mortalidad de menores por quemaduras ha disminuido a través de los años, hasta llegar a cero en los últimos 12 meses.
Solo en el Hospital de Niños ingresa diariamente en promedio un paciente quemado. Los más afectados son menores que, por su nivel de desarrollo, curiosidad y poca capacidad de percibir e identificar los peligros a su alrededor, son más vulnerables y dependientes de la atención que les brinden los adultos.
Para la época de vacaciones y en las fiestas de fin de año aumenta la cantidad de casos, en parte por los juegos con pólvora y la mayor permanencia de escolares en el hogar.
Estas cifras nos indican claramente que las quemaduras en pacientes pediátricos constituyen un problema por resolver en Costa Rica.
Lo más importante en la lucha contra las quemaduras es su prevención. Al efecto, estudiantes, médicos y otros trabajadores de la salud, instituciones y docentes podrían distribuir folletos con información a los padres, colocar afiches relativos al cuidado de los niños, impartir charlas y exponer el tema entre los escolares. Igualmente, los medios de comunicación y agencias de publicidad podrían ofrecer espacios o anuncios, con el fin de llevar la información preventiva en forma masiva.
Sin embargo, el papel fundamental en la prevención corresponde a la familia. Solo con educación, abnegación, y con la idea fija de que las quemaduras son previsibles, podremos disminuir su incidencia.
En lo que se refiere al cuidado de los niños no hay cabida para el descuido ni el exceso de confianza.

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