Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 8 Enero, 2015

Quienes se precien de líderes deben buscar puntos de coincidencia en un proyecto común


Compartiendo un sueño

Cuando inicia un nuevo año tendemos a plantear nuevos proyectos, a cargar energía, a comprometemos con el máximo esfuerzo e ilusionarnos para enfrentar el futuro. Empero, en la mayoría de nosotros esta actitud se limita al ámbito individual, con un poco de suerte lo ampliamos al ámbito familiar; difícilmente extendemos ese compromiso a la comunidad y menos al país.
Sacar a una nación adelante no es tarea para un pueblo débil de corazón y frágil de voluntad. Sin el compromiso de cada uno de nosotros difícilmente las cosas pueden cambiar. No debemos recargar todas las esperanzas de cambio en un gobierno o en un gobernante, puesto que ello podría más bien aumentar nuestro desánimo y frustraciones.
La lucha por el futuro de un país es una tarea conjunta, que ciertamente requiere la guía de buenos gobernantes, mas no es la única condición para el éxito. Si no tenemos un compromiso de ayuda por el otro, sino le conocemos, será imposible hacer realidad los sueños de tener una gran nación, solidaría y comprometida con el bien de todos.
Quienes se precien de líderes deben buscar puntos de coincidencia en un proyecto común, sin el abandono de los válidos intereses particulares, pero conscientes de que todos los días debemos luchar hombro a hombro por sueños que compartimos y por valores que dignifiquen, que nos muestre como amantes de nuestra patria y del prójimo.
Nuestro país tiene un gran potencial, muchos le admiran, pero nosotros hemos perdido la autoestima al cargarnos del miedo de poder reinventarnos como una nación comprometida con un desarrollo justo y moderno. Que combine un Estado fuerte, en el cual sus instituciones no funcionen como un archipiélago de instituciones desarticuladas, con un mercado con un empresario pujante, innovador y productivo, al que el egoísmo no le ciegue sobre la importancia de la justa distribución de la riqueza.
Sueño con un compromiso por el bienestar general promovido por una nación sin miedo al crecimiento económico, con una justa distribución de la riqueza, en la cual resalte el rostro de cada uno de nuestros niños como manantial de inspiración por un mejor futuro. Así como la ilusión del anciano de frenar su largo caminar en una nación comprometida con la paz social, en la que sus veteranos tan solo se preocupen por sonreír de satisfacción por la tarea cumplida.
No podemos continuar muriendo al lado de una realidad que nos frustra, cuando al frente tenemos a los sueños que dan vida, que permiten imaginar una nación mejor; en la cual cada mano, cada paso, cada gesto, deben mover al corazón que no está limitado en espacio, pues abriga a cuantos beneficiemos con una de nuestras sonrisas o con el más loable y significativo acto.
Sin sueños es imposible ser arquitectos de nuestro futuro. Sin futuro imaginable todo proceso se hace involutivo puesto que termina añorando el pasado y desdeñando el futuro, el cual termina pareciendo más una pesadilla carcomida por el incansable temor a la superación que siempre opaca el verdor de la esperanza. ¡Soñemos!

Claudio Alpízar Otoya

Politólogo