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La buena noticia es que todo es posible corregirlo. Pero necesitamos una clase política madura, con una visión más integral y acertada para un desarrollo sólido, sostenible e inclusivo


Cómo vencer el estancamiento

Seguir por un camino sin medir resultados año a año es un esfuerzo que puede llevarnos al final, más lejos de la meta que cuando lo iniciamos.
Igualmente, seguir una ruta-país que no fue bien diseñada para impulsar un adecuado desarrollo de todo el país lleva a que, más tarde o más temprano, ese error comience a reflejarse en cifras negativas.
Palabras más palabras menos ese razonamiento se viene haciendo desde hace años en este espacio.
Hoy es importante que un estudio tan serio como el de Estado de la Nación coincida en varios puntos con temas sobre los que hemos intentado llamar la atención.
Lo peligroso es cuando la mente se cierra a analizar tanto lo bueno como lo malo para aprovechar lo primero y corregir lo segundo.
Baste un ejemplo, señalado en múltiples ocasiones en este espacio, para comprender, del modo más simple pero fundamental, lo sucedido.
La apertura comercial brindó una invaluable oportunidad a nuestro país para impulsarse con fuerza hacia un desarrollo acorde con las aspiraciones de la mayoría de la población, que además se inscriben en lo que el mundo necesita hoy.
Si abríamos más el comercio con el mundo y se preparaba a los sectores público y privado para aprovechar esa coyuntura, los resultados serían muy buenos.
A cambio de eso, ¿qué se hizo? Impulsar la apertura, atraer inversión extranjera, favorecer la exportación y poco más.
Una parte entonces del sector productivo, conocedor de lo que tenía que hacer, y soportando la ineficiencia estatal, aprovechó a pesar de todo la circunstancia.
Pero no se generaron en la medida necesaria los encadenamientos entre empresas de las zonas francas, que recibían beneficios y las pymes no fueron capacitadas ni apoyadas para ser eficientes e innovadoras.
El campesinado nunca fue preparado para dar el gran salto y convertirse en un floreciente sector agroindustrial sostenible y capaz de abastecer a lo interno y exportar.
Se descuidaron la educación, la salud y la seguridad públicas. Claves todas para aspirar al desarrollo
Mucho se puede aprender de todo esto. Los errores estuvieron presentes, como vemos, desde el diseño de la ruta.
No acabaríamos nunca de citar ejemplos, pero finalicemos viendo el intento de crear infraestructura. Fue tan deficientemente planeado que trató de avanzar en medio de contratos mal negociados y gestionados, al punto de desprestigiar el modelo. Hubo desvío de fondos públicos y un larguísimo etcétera.
La buena noticia es que todo es posible corregirlo. Pero necesitamos una clase política madura, con una visión más integral y acertada para un desarrollo sólido, sostenible e inclusivo.
 

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