Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 7 Septiembre, 2016

El incumplimiento y los fracasos son tantos que pasan las gestiones en Zapote de ser melodrama a comedias cáusticas

¿Cómo provocar interés?

¿Cómo provocar interés en el proceso electoral que culmina en febrero de 2018? Esa es la pregunta que los aspirantes a la presidencia y a las 57 curules de la Asamblea Legislativa se están haciendo. En la encuesta de la CID/Gallup en agosto, casi la mitad de los entrevistados manifestaron que no votarían por ninguno de los que más “suenan” en los medios como candidatos presidenciales.

Una proporción grande “no sigue” la política ni tiene preferencia de partido político. Uno de los “candidatos” quiso adjudicarse una tajada de los “indecisos” en proporción a lo que recibió en intención de voto; ¡está totalmente equivocado! Los que no tuvieron preferencia podrían terminar en las filas de cualquiera de los medidos tal y como ocurrió en 2014.
Quizás sería importante preguntar “¿por qué tanto desinterés?” La respuesta tiene sus raíces en las campañas donde los diferentes candidatos y partidos han ofrecido tantas cosas; trenes, tranvías, carreteras, mejoría en el servicio de la Caja y la desaparición de las filas y esperas, la eliminación de la pobreza, la justicia, la reducción en el crimen, la prosperidad nacional, reducción de la corrupción, “cambio” (pensar en 2014), represión del crimen y la violencia, y “una Costa Rica mejor para todos”. Esta es una lista parcial; un candidato logró hacer mil promesas en un ciclo electoral. El incumplimiento y los fracasos son tantos que pasan las gestiones en Zapote de ser melodrama a comedias cáusticas.
Es tal la incredulidad entre los posibles votantes que comienza a afectar el proceso democrático y la participación de la ciudadanía. En desesperación el electorado optó por elegir un “no político” a la presidencia en la pasada elección y resultó ser peor su gestión que todos los que han gobernado desde 1978.
¿Será posible que lo que se quiere sea un candidato que ofrezca acciones “más radicales” (para Costa Rica) y con compromisos como los siguientes?: “En el primer año de mi presidencia garantizo que voy a eliminar todas las listas de espera de la CAJA y las filas en los EBAIS. Si no lo hago en 12 meses, renuncio. Si le preguntan “¿cómo?”, “Voy a mandar a todos los que están en listas de espera a los hospitales y médicos privados y obligar a la Caja a pagar por los servicios prestados”. Otro ejemplo: “En el primer año de mi presidencia voy a reorganizar el transporte público en la Aglomeración Metropolitana, reducir las presas y quitar la prohibición de placa. Si no lo logro, renuncio”. Cuando le pregunten “¿cómo”, “Voy a declarar estado de emergencia y poner al INCOFER a importar buses para competir en las rutas donde no hay tren y mucha resistencia de los concesionarios”.
Pero el que ofrezca estas u otras promesas, debería renunciar si no cumple. Nada de titubeos, ni de explicaciones —ya el pueblo está cansado de oír sobre la “ingobernabilidad”. A los que usan esa frase hay que decirles “¿no se dio cuenta antes de ofrecerse como candidato?”.

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