Cómo México puede ganarles a las drogas
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Cómo México puede ganarles a las drogas




En 2002 y desgarrada por los enfrentamientos, Colombia tomó una medida audaz que allanó el camino para una gran mejora de la seguridad pública. Ahora México tiene problemas para poner fin a las guerras de drogas que han dejado un saldo de casi 40 mil muertos durante la gestión del presidente Felipe Calderón. Es hora de probar el remedio colombiano.
Parte del éxito de Colombia se origina en el Plan Colombia, el paquete de asistencia de miles de millones de dólares de los Estados Unidos. El plan se concentró en aumentar la capacidad militar, profesionalizar la policía y reformar el sistema judicial colombiano. El dinero y la estrategia que tanto se necesitaban contribuyeron a sacar a Colombia del borde del caos.

Igualmente importante -y mucho menos publicitada- es una transformación en el seno de Colombia. Los privilegiados del país se unieron, no sólo para exigir más seguridad, sino también para compartir la responsabilidad. En 2002, el flamante presidente Álvaro Uribe y las elites colombianas negociaron un impuesto a la riqueza. En la década que ha pasado desde entonces, el impuesto ha recaudado casi $1 mil millones anuales para seguridad. También cambió la naturaleza de la lucha, dado que el gobierno contó con todo el peso del sistema en la batalla por la seguridad pública. Más que ayuda extranjera para seguridad, lo que México necesita en la actualidad es una inversión de las elites mexicanas en la seguridad y el bienestar de todos sus ciudadanos.
El impuesto inicial para seguridad de Colombia cobraba un 1,3% sobre los activos del 1% más rico del país: los que tenían bienes superiores a los $100 mil. El impuesto se ha extendido y modificado desde 2002.Su aporte constituye alrededor del 0,4% del producto interno bruto de Colombia.
El impuesto para seguridad contribuyó a fortalecer el estado colombiano en muchos sentidos. El dinero permitió que el gobierno reafirmara su monopolio de la fuerza, lo que redujo la fuerza de las organizaciones terroristas de izquierda y de los grupos paramilitares privados de seguridad. El gravamen también proporcionó mayor transparencia, dado que se exigió a las fuerzas de seguridad de Colombia que presentaran informes anuales públicos sobre cómo se gasta el dinero y se evalúan los programas.
El éxito de ese modelo se ha extendido también al plano municipal. En Medellín, ahora los impuestos municipales son mucho mayores que los de otras ciudades. Las empresas locales se muestran dispuestas a pagar porque los gravámenes sostienen una notable transformación. Medellín, que alguna vez fue uno de los lugares más violentos del planeta, es ahora la principal ciudad exportadora de Colombia, área en la que los productos textiles ocupan el primer puesto.

Nueva York

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