Alberto Cañas

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Sábado 21 Agosto, 2010


Chisporroteos


Confieso que me ha dejado boquiabierto la enormidad con que se ha descolgado mi buen amigo Francisco Morales, al explicar a su manera la transformación y viraje hacia la extrema derecha que ha experimentado el Partido Liberación Nacional.
Se limita a afirmar que el Partido se ha ido ajustando a los cambios de la realidad mundial (cambios de los que no se han enterado ni los escandinavos ni los israelíes), pero no dice cuándo lo hizo ni por acuerdo, orden o decisión de quién. El viraje de que habla don Francisco no lo autorizó, ni siquiera lo conoció ni estudió ninguna asamblea del partido. La última a la que yo asistí en 1998, se pronunció terminantemente en contra de las privatizaciones, y, que yo sepa, no autorizó ni siquiera estudió la ningunización del INS, la casi total desaparición del Consejo de Producción y de su función benemérita de garantizar precios al agricultor, ni la muerte en vida del INVU, ni el acogotamiento que viene sufriendo el ICE.
Tampoco, la aceptación gozosa de la ley de concesiones ideada por el gobierno de Rodríguez y que herrumbró, como lo he dicho en otras ocasiones, el Ministerio de Obras Públicas convirtiéndole en una invitación a la propina.
Esa transformación de que mi amigo don Chico habla (y que a lo que parece le ha gustado mucho) no ha sido otra cosa que la voluntad de don Oscar Arias, quien ha demostrado que tiene de social demócrata lo que este columnista tiene de coreano del norte.
No, amigo don Chico. El PLN ha sido transformado en un partido de extrema derecha (apto para pactar con los libertarios) pero ningún órgano del partido con autoridad ha ordenado jamás, jamás semejante cosa. Y esa es la razón por la que muchos nos separamos del verde cascarón que quedó, y esperamos que alguno de los que todavía están allí le pidan a una Asamblea General del partido que ratifique o derogue lo que acordó en 1998 sobre privatizaciones y otras “modernizaciones” de este tipo con marcha atrás hacia el siglo XVIII. ¿Quién acordó el cambio de que mi buen amigo se siente tan ufano? Esa es la pregunta de los 64 millones de colones, perdón, me equivoqué: de dólares.

Alberto F. Cañas
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