Alberto Cañas

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Sábado 14 Agosto, 2010


Chisporroteos


En estos mediados de agosto, creo que mañana, cumplirá esta columna cincuenta años. En mi libro Ochenta años no es nada relaté las circunstancias de su nacimiento, y voy a copiar hoy para ustedes los párrafos pertinentes.
“En agosto de 1960 se celebró por primera vez en Costa Rica una conferencia internacional de dimensión hemisférica: la asamblea extraordinaria de la Organización de Estados Americanos que conocería de la situación creada por Fidel Castro en Cuba, y de la acusación de Venezuela contra el dictador dominicano Trujillo, a quien señalaba como el promotor de un tremendo atentado contra la vida del Presidente Betancourt. Aparte del que se apuntó el gobierno de Echandi con la organización de este acontecimiento, el éxito de la Asamblea fue serio. Los fogosos discursos del canciller cubano Raúl Roa no lograron detener la condenatoria hemisférica a su régimen, ya dictatorial y de partido único. Y tampoco los de su colega dominicano, la condenatoria hemisférica a Trujillo, dictador que ya tenía contados sus días.
“El Gobierno venezolano me contrató como periodista para que dirigiera y coordinara para ellos las informaciones sobre la parte de la conferencia que les interesaba y, como era de esperarse, lo hice con entusiasmo (no sé si con éxito), contando para ello con el respaldo de mi sempiterno compañero Fernando Volio, en aquellos días director de La República. Ayudé al periódico con sus informaciones, lo que no era incompatible con mi trabajo para los venezolanos, ya que el periódico hacía natural y espontánea causa común con ellos. Y dentro de las publicaciones que se hicieron, me encargué de homologar, por decirlo así, los rumores, chistes, mentirillas y verdades que los redactores del periódico captaban en los corrillos y pasillos de la OEA. Bautizamos la columna en que esos juegos se publicaban como Chisporroteos de la Conferencia, y se publicó diariamente durante las dos semanas en que la OEA estuvo reunida en el Teatro Nacional de San José. Cuando terminó la asamblea internacional, Fernando Volio me propuso que sostuviéramos la columna de rumores, dichos, chismes y chistes, y acepté. Durante unos días coordiné lo que los redactores recogían en sus fuentes y en la calle. Pronto comenzaron a escasear las colaboraciones reporteriles y en menos de tres semanas me di cuenta de que Chisporroteos (ya no de la conferencia) estaba totalmente a mi cargo, y de que yo no recogía material sino que lo originaba Sin darme cuenta, había regresado a mis años de periodismo humorístico. Sólo que con un formato nuevo, completamente diferente al de mi vieja columna De Domingo a Domingo de Diario de Costa Rica (1944-1948). Además, la nueva columna era de publicación diaria.
“Me sentí capaz de sostenerla, pero al poco tiempo comenzaron a llegar colaboraciones y sugerencias por teléfono y por correo, y la columna osciló entre individual y colectiva. Recuerdo especialmente las colaboraciones ingeniosísimas de quien se firma 2432 (mi viejo amigo Alvaro Castro Jenkins) porque eran diarias dado que él tenía su despacho en el mismo vecindario que yo y la comunicación era rapidísima. Y como él muchos otros (Mavisa Escalante de Fernández era inapreciable), a algunos de los cuales nunca logré identificar. Chisporroteos fue una columna humorística hasta 1967 cuando decidí darle un tono más serio y de polémica y, de paso, firmarla. Ya unos años antes había empezado a dedicar una columna por semana (la de los domingos) al comentario de los libros que se publicaban aquí y que a partir de la fundación de la Editorial Costa Rica menudearon y esa actividad más bibliográfica que crítica, me valió el que me dieran el Premio García Monge de periodismo cultural en 1963, que me enorgullece”.
Esa es la historia. Solo me queda agradecerle a mi colega Enrique Tovar el comentario que ha escrito sobre ese aniversario, y que manos amigas me hicieron llegar por Internet.

Alberto F. Cañas
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