Alberto Cañas

Enviar
Sábado 10 Abril, 2010

CHISPORROTEOS

Hace algunos días recibí una carta anónima no sé por qué cuyo autor mostraba inconformidad porque la prohibición de que los que no son del estado seglar sean diputados, se aplica solamente a los católicos y no a los protestantes.
Es una queja que a menudo se escucha, pero la verdad es que la Constitución en ninguna parte dice que para ser diputado sea necesario ser del estado seglar.
Según la Constitución, los sacerdotes no pueden ser Presidentes ni Vicepresidentes de la República, Ministros de Gobierno, ni Magistrados de la Corte Suprema de Justicia o del Tribunal Supremo de Elecciones. Pero diputados sí. Y es curiosa la creencia general de que la Constitución les prohíbe ser diputados. Solo esa creencia puede haber inducido al Partido Liberación Nacional a no haber elegido diputado nunca al Presbítero Benjamín Núñez, que lo habría sido de lujo.
Me atrevo a creer que los costarricenses no leen o no leemos o no hemos leído con cuidado la Constitución, y nos vamos haciendo una Constitución Política mental, que es algo así como pariente lejana de la de verdad.
Ojalá que los costarricenses se olviden de eso del estado seglar de los diputados, que es una auténtica superstición. Y que así como hay pastores protestantes en el Legislativo (que a decir verdad no se han lucido) haya también sacerdotes católicos como los hubo con frecuencia, y buenos, antes de la Constitución de 1949.
Lo que por fin se ha hecho con el viejo edificio de la aduana, es realmente una adquisición para la ciudad. Por fin se dedicó esa vieja edificación a la cultura como se viene diciendo hace décadas. Lo que sí tenemos derecho a esperar es que el nuevo teatro que allí se ha concluido no sea un mero escenario de “experimentos” juveniles, sino de buen teatro, de gran teatro interpretado por actores y actrices notables, como el que San José tuvo en las décadas de 1960 y 1970. Por lo pronto, la comedia musical de Kurt Weill y Bertolt Brecht La Opera de Tres Peniques con que se va a inaugurar, es obra de calibre, que ya alguna vez se montó en San José con éxito.
Por hacer una frase fácil: más falta está haciendo el teatro en singular que los teatros en plural. El Ministerio de Cultura es dueño de numerosas salas, algunas de las cuales (las que están dentro de la sede del Ministerio) están continuamente cerradas, en vez de estar continuamente abiertas. Cabría hacer algo así como una licitación para darle por uno o dos años alguno de esos teatros al grupo que plantee un repertorio valioso de obras notables y una intención seria. Los experimentos deben seguir, pero estarían mejor a nivel de teatro universitario, como es frecuente (aunque no de rigor) en los países civilizados. Mi vieja relación con el actual director de la Compañía Nacional de Teatro (una extraña compañía sin compañía), Mariano González, me autoriza a creer que si le dan presupuesto, las cosas pueden cambiar hacia adelante, y los intérpretes jóvenes tendrán oportunidad de crecer y desarrollarse como se desarrollaron antaño las grandes figuras de nuestra escena, sin necesidad de prostituirse en ciertas salas comerciales que dan pena. En todo caso, albricias por lo que ha sucedido en la vieja aduana.

Alberto F. Cañas
[email protected]