Alberto Cañas

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Miércoles 24 Octubre, 2007

Chisporroteos


Alberto F. Cañas

Si me pusieran a escoger (digamos para ser incluido en un recipiente que se enterrará y será desenterrado dentro de miles de años) un ejemplo que tipifique, defina y explique el estado de corrupción total a que en el año 2007 llegó este país por obra de sus clases dirigentes y no del pueblo, cosa que habría de constar en esa botija, elegiría sin titubeo alguno, el caso de ese individuo que ha montado una empresa que mediante pago les hace la tarea a los malos estudiantes. Los estafa, estafa a los institutos de enseñanza, y estafa al país.


Por supuesto, el autor de esa barbaridad sale a defenderse exponiendo argumentos muy divertidos, que son la negación de toda la filosofía que ha inspirado nuestra enseñanza media desde que don Mauro Fernández la tomó con seriedad.

Por supuesto, triste destino espera a los muchachos que están recurriendo a los servicios de esa empresa (que entiendo hasta se anuncia en Internet), porque aunque tengan buena nota en sus tareas, saldrán del colegio ignorantes, y esa idea que los neo-liberales han puesto en circulación: que la educación es para obtener trabajo, se liquida, porque los ignorantes no encuentran trabajo aunque hablen inglés.

Y el argumento del individuo en cuestión, de que las tareas de los colegios versan sobre materias que no les van a servir a los muchachos, es un disparate con D mayúscula y letras góticas porque presume que los adolescentes de colegio ya saben cual va a ser su camino y cual su ocupación (como lo sabían en la Unión Soviética donde la dictadura se lo dictaba).

De lo que mis compañeros y yo aprendimos en el Liceo de Costa Rica entre 1933 y 1937, me imagino que a quienes estudiaron medicina les sirvió lo que nos habían enseñado de anatomía; los que se hicieron ingenieros llevaban una buena base de matemáticas (lo sigo diciendo en plural, porque las matemáticas son varias: aritmética, geometría, álgebra, trigonometría, cálculo, y no una sola como lo viene pretendiendo el Ministerio de Educación).
A los que tomamos el camino de las letras (el Derecho, creo, es parte de ellas) nos aprovechó lo que nos habían enseñado de castellano y de historia, y absolutamente a todos, lo que aprendimos de idiomas: inglés, francés y latín. Pero mientras fuimos liceístas y no habíamos decidido nuestro camino concreto, todo lo que nos enseñaron era necesario.

Yo mismo, que jamás tuve espíritu científico, no me incliné hacia ese campo pero recuerdo con esmero y encanto lo que aprendí de biología en aquel entonces con Joaquín Vargas Méndez.

El adolescente de la secundaria está abierto a todo y debe estarlo. Algunas cosas las estudia con gusto y otras a la fuerza. Pero su formación espiritual indica que debe estudiarlas todas.

A no ser que el mundo diz que globalizado que nos recetan esté de acuerdo con ese negociador de tratados que ha afirmado que a los colegiales hay que enseñarles lo que las compañías extranjeras desean que sepan sus empleados. ¡La enseñanza pública al servicio de las transnacionales! Ya nos salieron con otro domingo 7.

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