Alberto Cañas

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Miércoles 3 Octubre, 2007

CHISPORROTEOS
Alberto F. Cañas

Independientemente de su significado en relación con el Tratado de Libre Comercio, la concentración ciudadana del pasado domingo en el Paseo Colón y Avenida Fernández Güell fue importante por una razón menos efímera que la campaña del referendum que termina dentro de cuatro días.

Y es que puso de manifiesto lo que desde hace gran cantidad de años muchos añorábamos, y es la disposición de los costarricenses de interesarse en las grandes decisiones, hacerse presentes en ellas, y alertarse ante las cosas. No hace falta ser partidario del NO para entender que la gente que se congregó el domingo está interesada en el porvenir del país, no quiere que lo comprometan sin enterarla, y acudió a un llamado que se le hizo para que sostenga lo que de mejor tiene nuestro pasado.

El hecho de que los partidarios del SÍ no piensen igual que los que se congregaron, no le quita importancia al hecho de que los que lo hicieron son ciudadanos costarricenses preocupados por el futuro de su país, y que creen que hay cosas en él que debemos defender aunque plenipotenciarios costarricenses hayan pactado su modificación.

Esto lo veo, pues, como un buen augurio a mucho más de una semana de plazo. Cualquiera sea el resultado del referendum del domingo (soy tan enemigo de hacer profecías como de hacer depender la bondad de una causa de la simpatía que me despiertan quienes la apoyan), lo que tenemos es una población alerta, o alertada.

Que gobernantes extranjeros aquí aborrecidos estén con el NO, es tan poco importante como el que ex-gobernantes costarricenses sospechosos y hasta acusados de corrupción estén con el SI.

Y veo que una población que parecía adormecida, o no lo estaba o se ha despertado, y está en alerta como lo estuvieron sus antecesores en las décadas del 40 y las siguientes, hasta que comenzó a funcionar el cloroformo oficialista que se empeñó en adormecer a los costarricenses.

Sobre todo (lo cual no podía observarse desde un avión), la cantidad de mujeres y la cantidad de jóvenes que concurrieron. Un viejo como yo pudo sentirse estimulado y creer que su vida entera, la vida entera de su generación, no fue vivida en vano.

Debo declarar, cambiando el tema, que el horrible y antigramatical gerundio que apareció en el último párrafo de mi columna del sábado, no era mío, Algún benefactor decidió corregir un giro desusado pero correcto que quise emplear, y me puso a decir un disparate. Donde mis lectores leyeron “sentándome” yo había escrito “sentádome”. Lo hago constar porque el gerundiazo me puede traer una reprimenda si no la expulsión de la Academia de la Lengua.


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