Alberto Cañas

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Sábado 7 Febrero, 2009

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Ahora que se están inventando escudos como los que nos han anunciado, una dama a quien no tengo el honor de conocer, llamada Silvia Alfaro, me escribe para exaltar la conducta de la empresa El Angel, afectada terriblemente por el terremoto y que sin embargo mantiene vigente su planilla y está pagando a sus empleados dando así un ejemplo de responsabilidad social que la prensa toda debería estar exaltando.

Una empresa en fin, que sí merece todo el apoyo que necesite por parte de los bancos nacionales, porque está actuando con plena conciencia de su obligación para con sus trabajadores.

Los trabajadores, las mayorías, el pueblo, como ustedes quieran llamar a millones de costarricenses que no viven en elegantísimos condominios, esos son los que merecen la atención preferente, preferentísima del Estado, y es triste que lo que se les propone es que acepten una disminución de sus ingresos disfrazada con el seudónimo de una disminución de su jornada laboral. Valdría la pena que les dijeran también, como corolario, en qué forma emplear el tiempo disponible que les proponen tener, de manera útil y que ayude a compensar la disminución de sus ingresos que se proyecta.

A un corresponsal anónimo que me escribe haciendo creer que su comunicación proviene de mi propia dirección electrónica, le digo dos cosas: 1, que si quiere conversar conmigo y rebatir lo que pienso, puede visitarme en mi casa de San Pedro y concertar conmigo un día y hora por mi teléfono 2225-0980 sin necesidad de escudarse en el anónimo no sé si por miedo de que yo lo muerda. 2. que el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos no se celebró como él afirma con la intención de atraer empresas como Intel, que vinieron y podrían seguir viniendo sin tratado, sino de la cantidad de empresas que vendrían a hacer olios de empleos y salarios. (El Mercedes-Benz sustituyendo a motocicleta, ¿se acuerdan?)

Valdría a pena meditar si, como se ha dicho pero no aquí, el gobierno de Bush propuso los tratados de libre comercio con la finalidad de poder colocar en estas tierras sus excedentes de producción no colocables internamente, a un precio que nosotros los latinos pudiésemos pagar, para que no sucediera lo de 1929 entre cuyas causas se incluye la superproducción de aquel entonces que el público norteamericano no pudo absorber. Basta recordar que cuando teníamos aranceles y derechos de aduana, no había toyotonas en las carreteras porque su precio era prohibitivo. Simplemente darle vueltas a ese razonamiento que leí hace algún tiempo en una publicación no recuerdo si británica o española, y que ahora me ha venido a la mente. Y recordar cómo la política fiscal de don Pepe en su gobierno del 53, puso a los costarricenses a circular en Volkswagens y Chevrolets con prescindencia de los Cadillacs y Lincolns, que eran “botar la plata”.

Por lo demás, y cambiando de tema, fíjense ustedes que cierta legislación reciente de materia penal, ha sido cuestionada ante la Sala Cuarta afirmando que la Asamblea Legislativa no la tramitó aplicando estrictamente su reglamento (admisión de mociones fuera de plazo, cosas así). Con argumentos de ese jaez nos reformó la Sala la Constitución Política sin tener derecho a ello. Tiemblen los fiscales y refocílense los delincuentes.

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